sábado, 24 de octubre de 2009

11. Incidente en Villa Cariño


Negro. Se oye el slick de la tapa de un Zippo.
Fundido rápido a cigarrillo que se enciende. Corte a una rubia, buenas tetas, bien rosarina, buenas piernas, que empina una botella de Pronto Next. Noche de piel húmeda.
Andy dice, guardando su encendedor: -Ah, qué paz. ¿No, Pamela?
Pamela responde: -Sí, estamos bárbaro.
-¿Enciendo un porrito?
-¿Tenés para después?
-Uh, no, no. Es el último, lo último que me queda. Podemos buscar a los chicos.
-No, es demasiada historia.
-Bueno, lo hacemos más tarde. En mi casa.
-¿Y tus viejos?
-Está todo bien con mis viejos. Además, se fueron por el fin de semana largo.
-¿Adónde?
-¿Adónde qué?
-Adónde se fueron tus viejos.
-A Córdoba, creo -da una pitada con impaciencia-. Bueno, lo hacemos después, entonces.
-Sí.
Otro trago, largo, al Pronto Next. Afuera del Fiat: oscuridad, un parque, muchos otros autos estacionados. Fundido encadenado a menos autos, con el mismo encuadre, y otra vez un encadenado, y otro, hasta que se van un Renault 19 y una camioneta Vitara, y quedan el Fiat Tipo de Andy y dos o tres coches más, desperdigados por el parque Urquiza. Travelling en grúa desde algún árbol al interior del Fiat y a Pamela que besa con gran entusiasmo a Andy, que responde bastante bien y que le abre la pollera y la acomoda en el asiento del acompañante y que le levanta el corpiño y le lame un pezón, el izquierdo, mientras le mete la mano en la bombacha y juega con, frota su clítoris y Pamela que jadea y lo abraza y Andy que baja baja se mete dentro debajo de la falda y corre la tanguita con un dibujo de Garfield sacando la lengua y besa como puede (el auto es relativamente pequeño) todo lo que puede y.
Corte a ruedas a paso de hombre, automóvil sin luces.
Un ruidito y una luz que busca en el Fiat.
-¡Ay, Andy, la cana! ¡La puta madre, la cana!
Una voz detrás de la linterna.
El policía 1 dice: -A ver, subasé los pantalones y baje del auto.
-Uh, no -a Pamela, susurrado-. Y yo de cara, con lo caliente que estoy. Esto me violenta.
-Documentos.
-Acá están.
-Los de la señorita también.
-Pame, dame el documento. -Pausa-. Acá están.
Andy nota que hay un policía 2 parado detrás del patrullero, un Chevrolet; tiene los brazos cruzados sobre el techo del auto y parece bastante aburrido: un trámite más. Andy se fija en su cara-de-policía-provincial, y hace una mueca de fastidio.
-Los papeles del auto.
-Sí.
El policía revisa los papeles con la linterna. La luz rebota y muestra una cara infame, con una cicatriz mal cosida en el mentón que le llega hasta el labio inferior.
-Mire, agente...
-Oficial -el policía 1 se revuelve, dándose importancia o intentanto asustar.
-Bueno. Mire, oficial, sargento...
-La patente está vencida.
-¿Qué? Sí, claro, unos días, estamos a principios de mes.
-La patente está vencida. ¿Qué dice acá?
Y le pone el papelito a quince centímetros de la cara. Y alumbra a Pamela, que busca confundirse con el tapizado. Andy mastica un trozo de aire.
-Bueno, qué puedo hacer.
-Me va a tener que acompañar a la comisaría.
-Uh, no, un momento.
-Mirá, pibe, no tengo tiempo. A la comisaría por infracción a la moral pública, y el auto al corralón por la patente.
-...
-...
-...
-¿O lo querés arreglar de otra manera?
Andy mastica más aire, cierra los ojos. Un instante. El policía 2 sigue en su lugar, se rasca la nuca.
-Bueno, ok. Cinco dólares... Pesos, cinco pesos. Todo lo que tengo.
-¿Y con eso qué hacemos, che? -mira al policía 2 y le hace un gesto de "mirálo al pibe"-. No alcanza. A la comisaría.
-Andy, ¿qué pasa? ¿Nos podemos ir?
-La minita se puso nerviosa... Andy. -Pausa y lo ilumina en la cara-. Vamos, Andy.
-Diez pesos -abre la billetera-. Acá están, es todo.
-Y encima me querés pasar, pichón. No, no alcanza.
-...
-Vamos. -Y para que escuche Pamela-. ¡A la seccional!
Slow motion en la cabeza de Andy, los sonidos se ralentan, muy molestos ellos. La linterna. La cara del policía 1, oficial. La cara de la rubia, asustada y asqueada. La cara del policía 2, siempre en el mismo lugar pero con una sonrisa canchera injertada a la fuerza en la piel sudorosa, sudada. Patas de tábano pegoteadas, algún documental del Discovery Channel. La linterna encandila los ojos/cámara de Andy.
-¿No me escuchaste?
-Sí, te escuché -susurrado, hacia abajo y atrás, para nadie-. Tengo algo en la guantera, oficial, sargento -el policía 1 no recibe la ironía-. Un segundo, y arreglamos.
Primer plano del policía 1 que sonríe malamente y que gira hacia el policía 2. La imagen deja ver la espalda, la cintura, baja, el policía 1 se rasca el culo, una sola nalga, se ajusta el cinturón que sostiene esposas, cargadores y la Browning 9 mm enfundada en cuero partido. Zoom in al policía 2 que devuelve el intento de sonrisa y que sale de su posición y busca algo en el asiento trasero. Zoom out al policía 1 que vuelve a girar y que enfrenta a Andy que sale, saca medio cuerpo del Fiat y se endereza con un billete en alto en la mano izquierda zoom in corto a plano medio de Andy que eructa.
-A mí no me tuteás.
Corte a espalda del policía 1. Un ptuf y un breve y limitado resplandor.
-Negro de mierda.
-¡Andy, pará!
Ptuf brillo al estómago. Dos segundos. Tambalea. Ptuf brillo a la cara y algo que vuela y gotea y salpica.
-Negro de mierda hijo de mil putas.
-Andy, ay, Andy.
El policía 1 retrocede entre espasmos y choca, golpea el patrullero. El policía 2 saca la cabeza de la ventanilla, rodea el auto, mira al policía 1 que chorrea contra la puerta delantera, mira a Andy, duda, lo encara, lleva muy torpe su mano a la cintura, busca su arma.
-¡Qué querés, vos también!
Parabellum 8.8 con silenciador, ptuf al hombro izquierdo, se lo arranca, el policía 2 vacila, se aferra el hombro herido, lo mira, mira a Andy, insiste en desenfundar.
-Ay, no, no.
Muy torpe. Muy lento.
Ptuf al muslo derecho.
Andy es conciso, metódico, está odiando, belleza.
-Vení, vení a sacarme guita. Dale.
El policía 2 consigue sacar la pistola, entre gestos de dolor y sangre y humo y sudor.
Ptuf a la rodilla izquierda, el policía 2 cae y hace un a-ayyy algo sordo, poco convincente.
-Ay, no.
-¿Pame?
-Ay, ay.
-Reventá, mierda.
Ptuf ptuf y los sesos que se disgregan en el asfalto. Corte a Andy que guarda la Parabellum debajo del asiento, que saca la llave del encendido y clic oprime el encendedor del tablero del auto y sale y va al baúl y lo abre y con un bufido levanta un bidón lleno de algo verde.
-Nafta ecológica -dice Andy en still, llegando al patrullero. Y rocía al policía 1 y luego al policía 2 y después al Chevrolet y una vez vacío tapa el bidón con cuidado para no derramar alguna gota y lo devuelve a su lugar y cierra y se mete en el Fiat y mira a la rubia y le muestra la lengua mientras la pasea por los labios y clic plano detalle salta el encendedor y Andy le levanta la remera a Pamela y el corpiño y saca un Marlboro del atado y.
-Qué buena que estás. -Lo enciende-. Vamos a casa. -Da una pitada, enciende el motor-. ¿Te parece bien?
Tira el cigarrillo dentro del Chevrolet, una pequeña bola de fuego en el asiento trasero, los dos o tres autos que quedaban encienden sus motores y sus luces, el Fiat arranca, tranquilo, grúa muy elevada que muestra al patrullero ya tomado por el rojo, a los policías rojos y amarillos, a los dos o tres autos que aceleran mal, histéricos, a los bandazos.
El parque Urquiza, zona conocida como Villa Cariño, queda desierto, muerto. Excepto el fuego.
Corte a negro. Se oyen las llamas y los motores en retirada.
Sólo se oye el fuego.

lunes, 19 de octubre de 2009

10. Valium y sus amigos



-¡Todo mal, Martino! -Andy boquea al aire nictamfibular, bulargh-. O no, no, todo BIEN. ¡BIEN!
Mi amigolígena desdibujoide está tirado sobre sus-mis colchones. Tiene la carota VERDE Y NEGRA Y sus manos se me antojan delfines gortos y burgueses. ¡Surch, sglurb, cínico hijo de puta, te vuelvo a confundir (sic sic); vuelves a sucumbir ante las tus propias arenas movedizas de la ignorancia! Nabo, inútil, o mejor, inepto. Shit-out. Uf, un respiro.
-¡Me tomo toda la pala y todas las pepas! -me mira Andy a los ojos. Tiene casi un mogra de merca en su poder, una coca buena y fuerte y amargota que compró a un precio razonable. No me invita a jalar, seguro que en espera de que le pida y así le haga lugar en su ejército de egos idiotas que le pululan por el pecho. Af.
-¡Me tomo todo!
Y se mete una raya de blanca y, uch, los ojos se le AGRANDAN y, bueno, me enciendo el porro que armé horas antes con gran esfuerzo y, uhm, le doy tres, cuatro pitadas profundas, entusiastas, eh, así.
-¡Y tengo de las amarillas, además!
Glup se traga una cápsula sedante X, y glub un trago de vino tinto frío, y glup una amarilla, glub trago de vino tinto, glup un Valium varios mg, glub trago vino, glup Xanax (post-psicodelia y pre-disco), glub trago, glup Lorazepam, glub, glub.
Este chico está muy loco.
-¡Mis viejos están re-locos! -grita Andy, suspira, se cae sobre sí mismo, extraña figura-. Mis viejos. Mis viejos están re-locos. Ahh, me tomo toda la merca -se agacha hacia la mesa, se esnifa dos, tres, seis, ocho saques, intercalando experimentadamente las fosas nasales. -Toda, toda me la tomo. Snif. Carajo.
Y BLUM se cae alfombra sillones almohadón ¡BLUMF! Confuso, Confucio, confusión y la fusión de Andy con la hermana La Nada, y que me caigo en el abismo, el abismo verde esmeralda, el abrigo de centurias y centurias de sabiduría animal, ani-mal, ¡MAL!, me caigooo... Ah, subo y fumo y fumo y antes de perder toda pequeña conciencia alcanzo a apagar el caño, así me queda una tuca pa' después. Psé.
-Glurrrrmf-erg -hace Andrés Palermo.
-Puto de mierda -le digo de mala manera.
-Erk -babea este amigo.
-Pedazo de charco de vómito del orto -silabeo.
Se murió. Está muerto como está muerto un pedazo de jamón. Y no, no respira.
Boludo; que se joda.
¡GLARF! Azul Azul Azul tus ojos Luna Polar me rasgan el látex de mi corazón, arden las llamas post-ignéicas de tu radioactivo pelo de cobra: las dentelladas te comen los labios. Pienso: el SIDA mató a Andy. Andy está muerto como un tarúpido, como un estropajo. Muerto de sida. Yo debería haber hecho una propaganda, no, una publicidad de, acerca del sida. Y hubiera salvado a Andy. La publicidad podría haber sido, a ver, digamos, más o menos así: tratando el tema, el tipo de narración-temática/temática-narrativa, por el lado de la discriminación, eso podría ser. Por ejemplo, atención: un grupo de chicos en la barra de un pub-bar (3MEN, 3WOMEN), y una voz en OFF que postula... Imagínalo, imagínalo... Omm-mm, el globo ocular terrestre implota de jugo de sexo luminoso, om. Vos sabés del sida, pibe, sabés que tenés que usar forros, siempre. También sabés que tenés que hacerte el análisis de HIV, como para quedarte tranquilo y al mismo tiempo ponerte las pilas... Infiernos, tal vez no estaría nada mal, pero me la imagino con la voz en off de Mirtha Legrand mezclada con la de nuestro amado-odiado Dieguito Maradona y, y se me ponen los pelos de la nuca de punta al cielo, al cielorraso, al techo planetario surcado de ríos marcianos que a su vez son invadidos por insectos con cabeza de televisor. Mal, mal viaje.
Andy, veo, no reacciona. Voy hasta la cocina, abro al heladera, busco un poco de jugo de naranja envasado. Frío, como lo necesito. Bebo en cámara lenta, sin sonidos parásitos, sin siquiera ruido eléctrico. Vuelvo al living. Andy, reveo, no da señales de estar respirando. Me acerco a su cara de tiza, busco una mota de sangre fluyente. Rien, nothing. Le tiro lo que queda de jugo de naranja en las fosas nasales manchaditas de blanco.
-¡Ah, qué, hijo de puta! -y respinga y tose y escupe y hace como que estornuda y me tira una piña de derecha al voleo, que esquivo, y otra trompada de zurda a la mandíbula, con mayor dirección y velocidad, pero que también esquivo, y le sacudo una formidable cachetada de revés en plena trompa. PAF, hace. Hijo de puta, pienso. Y yo que le salvo la vida, sin siquiera tener que hacer una propaganda, publicidad, debería echarlo a la mierda, a la calle de una patada.
-¡Qué hacés, qué hacés! -me grita Andy, los ojos en blanco y largando una espumita rosada por la comisura izquierdosa. Este tipo está peor que yo. Y yo lo abrazo, impidiendo que siga moviéndose y que vuelva a intentar pegarme, y lo siento en un sillón, y le digo, le grito casi: Pará un poco, estás duro y down, pará.
Increíble. Deja de tener los ojos en blanco; ahora me mira, ¿podrá verme?
-¿Y los chicos?
Me pregunta, suspirando, tranquilizado. No me gusta esta su serenidad.
-Ya vienen, los chicos -le miento, en realidad no sé muy bien nada de lo que acontece en el exterior urbano.
-Ah.
-¿Querés algo, Andy?
Suspira, resopla.
-Ah.
Con el susto y el jugo de naranja se me está pasando el cuelgue.
-¿Querés un vaso de agua?
Me mira, me mira con, con cara de loco. Eso. Cierra los ojos. Resopla, mastica sus muelas.
-Ah, ah.
-Andrés.
Abre los ojos. Parece agotado, pero tiene fuerzas suficientes como para relevar la habitación. Vuelve a mirarme.
-Estoy muy duro, muy arriba, Martino.
-Sí.
-Esta es tu casa.
-Sí.
-Ayudame a bajar.
-Sí.
-¿Me ayudás a bajar?
-Bueno.
-Dame un Valium, o algo de eso, dale.
-Sí.
Busco su mochila, la abro, revuelvo un poco. Algo frío y metálico me llama la atención. El aire está caliente, más que cálido, entonces: ¿algo frío? Miro. Una pistola. Una pistola de verdad. Andy y sus manías de sacado, qué le pasa; es el imbécil del milico de su viejo. Miro la pistola, miro a mi amigo, no hace más que temblar. Guardo el chumbo, no digo nada, mejor así. Revuelvo un poco más, encuentro un set de pepitas claras. Las saco y cierro la mochila.
Vuelvo a la cocina, lleno un vaso de whisky, un old fashioned, con agua mineral sin gas, muy fresca, vuelvo al living, Andy desplomado en el sillón, cric saco una pastillita de su envase, le acerco vaso y medicación. El amigo traga glup muy despacio, glub muy despacio, ojos cerrados, occhi chiusi. Respira hondo, y ahora soy yo el que se siente mejor, creo, tranqui, creo.
Le saco el vaso de la mano. Parece que va a decir algo. No. Suena el teléfono. No atiendo. Que funcione el contestador.
-¿Ya te dije, Martino, que mis viejos están locos?
-Hola -hace mi voz de metal, dentro del teléfono-. Esta es la casa de Martín, pero no estoy.

viernes, 9 de octubre de 2009

9. Emtibí



-A veces hay que saber rendirse.

Y la mano del Guillo agarra el control remoto y uno de sus dedos hace tic.

-Vos de eso sabés mucho.

Y Luigi agita su vaso de Ballantine's tic tic tic.

-Las chicas están agresivas, qué bien.

Y Andy juguetea con un silenciador y lo rasca con la uña del pulgar tic, tic.

-Uh, el video nuevo de los Red Hot.

Y mi entretejido neuronal se adapta a los misiles MTV. Tic.

Del agujero blanco de centro oscuro del inodoro asoman las dos primeras largas patas negras y lisas y relucientes de, de una esbelta y grande araña de Basalto. Gotea. Gotea.

Al video de los Red Hot Chili Peppers le sigue uno de Santana, luego otro de Marilyn Manson. Marilyn Manson es un tipo qué está totalmente demente -o esa es la imagen que vende-, que se pinturrajea la cara y nos ofrece alaridos y ojos desorbitados y lenguas verdes para afuera y chorros de sangre y una introducción guiada a los ritos satánicos. Una boludez, pero muy bien hecha.

-Copado, este chabón -comenta Andy.

-Che, ¿y eso?

Luigi se traga el whisky.

-Un silenciador. ¿Sos ciego? ¿Nunca viste División Miami? ¿O Los Profesionales?

-Uh, de dónde lo sacaste.

-Del viejo, de dónde va a ser -el Guillo juega con el control: satura los colores, aumenta el brillo, saca contrastes, pero no toca el volumen, que está bien bajo. Por suerte.

-¿Armo?

La araña de Basalto bordea el marco de la puerta del baño, repta, camina a velocidad superhumana, camina camina camina, sus OCHO extremos puntiagudos, esos, huelen el aire.

Como nadie me contesta, busco el faso y me pongo a picar; hay mucho humo en el aire, me molesta; no despego la vista de la pantalla de la tele; me siento incómodo, será el humo.

-¿Seguís yendo de picnic al Tiro Federal? -la sigue Luigi, tratando de entrar en conversación.

-No, me aburría -y murmura algo.

-¿Qué?

-Siempre blancos de cartón. De mentira.

-Ah. Te vas a dedicar a otra cosa.

-A tirar a algo que pueda defenderse -tic, tic.

-Glub. Estás de la cabeza.

-NO, no, no... Todavía no. Pero estoy juntando fuerzas y practico decapitando muñecas desnudas de las Spice Girls -Andy cierra los ojos-. ¿Por qué no apagan ese televisor de mierda?

Nadie contesta. Ahora está uno de los presentadores, un VJ como se dice -creo-, hablando de la última gira de Soda Stereo, que se separa. El video-jay es un mejicano que parece tener una papa en la boca. El Chavo hablaba mejor y era, es más divertido.

-Ah, qué palma -Luigi termina de masticar sus cubitos de hielo.

-¿Por qué no dejás de hacer ese ruido?

-Estás denso, Andy.

-Quiero salir a pegar unos tiros.

-Uh...

-A reventar a tiros a cualquiera.

-Uh, qué denso.

-Bang bang, como en las buenas series. El Precio del Deber. Starsky y Hutch.

-Calmate.

-Vos dejá de hacer ruido. Bang, bang. Hunter. Chips. El Justiciero.

-Calmate... Te vas a morir antes de poder matar a alguien -minipausa-. ¡Chips!

-Esa fue buena -me río MIENTRAS sacudo el porro para que se haga un tanto más compacto (demoro bastante, soy un perfeccionista); en la pantalla está un clip de Los Redondos, hecho todo con dibujos animados. Me gusta-. ¿Podrían abrir una ventana? Mucho humo, acá.

-Abrila vos -Andy deja su tic, tic, se guarda el cilindro en un bolsillo.

-Andy no fuma -lo jodo, y termino mi manualidad-. Encendé, Luigi.

-Dame.

-¿Hasta cuándo se fueron, tus viejos?

-Todo el fin de semana -me responde el Guillo, sin dejar de jugar con el control-. Qué paz, ¿no?

-¿Y tu hermana?

-En lo del novio, también todo el weekend.

-¿En lo de Coki, el petiso?

-No sale más con Coki. Éste se llama... Edgardo, Eduardo, creo. Si supiera todos los nombres de todos los tipos con los que está, mi hermana.

-¿Tantos, che?

-Podría escribir uno de esos libritos tipo "Cómo elegir el mejor nombre para su bebé".

-Ah, ja -estuviste bien, Guillermo-. Luigi, el caño, por favor.

-Up, tomá.

-Es una atorranta, mi hermana -tic para subir un punto el volumen-. Pero, si ella es feliz.

-Si ella es feliz, up -hace Luigi-. Buffff.

Alguno dice: ¿Entonces, me la puedo voltear?

Guillo: No se hagan los vivos. Los mato.

A razón de, de ciento sesenta pasos cada tres segundos, la aranha avanza, en GRANDES close-ups, avanza por su mar particular de pintura blanca, entra al living, nos mira con ojuelos.

Ah, qué bello es fumar. Ahora hay un excelente video de Beck, Devil's Haircut, en el que el flaco aparece bailando y caminando por calles muy estadounidenses, y en el que de tanto en tanto lo congelan y zoom in a una suya perfecta imagen fotográfica. Al final del corto se ve que hay unos tipos que lo estaban espiando, escondidos en algún lado de la imagen. Muy creativo, muy lindo.

-Voy a buscar agua. ¿Alguien quiere? -y el Guillo pega un orangutánico salto y aterriza bastante bien, teniendo en cuenta su congénita falta de coordinación.

-Yo, plís -le aviso-. Up, up.

-Pasalo, Martino -me jode Luigi.

-No, che, ponete las pilas que vos acabás de pitar. Aguantá -y Andy me saca el faso de la boca, sin la menor educación, este chico-. Yo también quiero agua. ¿No hay más whiskacho?

-Preguntale a Luigi -y el Guillo desaparece en busca de la cocina y luego, intuyo superperspicaz, de la heladera.

-Es que ya me voy -se lamenta el asesino del Ballantine's-. Tengo que pasar por lo de mi primo para que me dé unas entradas para esta noche. Es viernes, se acuerdan.

-Bu-uffff -ah, qué bueno, pero quiero más-. ¿Para dónde?

-El Último Límite, le pusieron. Es donde estaba La Casa del Bajo. Tengo que pasar ahora, en un rato. Pasalo, Andy.

-Tomá, si es para que te vayas de una vez, up, ep.

-Gracias, querido.

-¿Y no sabés si van las minas ésas, las amigas de Pamela? -pero lo que quiero es porro.

-¿Quiénes? -smoke smoke a gran velocidad, Luigi.

-Las rubias que están rebuenas, las que siempre se visten de negro, creo.

-Ahhh... -smoke-. Sí, están muy buenas y son muy putas.

-¿Como Pamela? -hace una mueca al estilo Nicholson, Andy.

-No sé, vos estarás mejor enterado.

-¿Quién quería agua? Pásenme el caño -al final el Guillo trajo una botella, cero vasos.

-Y, si son la mitad de perras que Pamela, tenemos que ir -Andy es más rápido que yo, o no está aún tan colgado, y puede hablar mientras me ventajea en la búsqueda del líquido elemento.

En la pantalla: veo, siento, me estimulo, me concentro, existe en este instante un especial de Radiohead; copado, Radiohead; tal vez se la dan muy de reventaditos, y ese cantante (¿Jon?, ¿Thom?, ¿Pomb?) que pone todo el tiempo la boquita a lo Mick Jagger, haciendo el ridículo; pero las imágenes son rebuenas, y los videos me gustan; conclusión:

-Parecen copados, éstos -dudo.

Un mosquito de tres centímetros, un zancudo, busca presas dando vueltas espiraladas, de Stuka en el violento 1939. Un chorro de telaraña lo derriba a los quelíceros multiformes; inyección de letalidad; la araña se va hacia la noche. Antes, tuerce la cabeza, nos mira.

-Muy buen, ep, muy buen video. Buenas cámaras -se las da de entendido el Guillo-. Buena fotografía, buenos movimientos, up.

-¿Me das una seca más? Ya me voy.

-Hace media hora que te vas, Luigi.

-No me jodas, Andy, querido, que me voy para conseguirte entradas para que te puedas levantar a tus chichis. Así que agradeceme.

Andy manotea el control remoto dejado por el Guillo, pero esta vez yo soy el veloz y le gano de mano.

-Gracias, Luigi, por tus free pass. No sé qué haría sin mi RRPP particular -Andy me mira-. Martino, dame el control.

-Vos dame el agua.

-Muy bueno, esto, eh, Radiohead. Up, buena edición, buenos efectos, buenas cámaras. Tomá, Luigi.

-Gracias, querido -smoke Luigi smoke.

-Tomá el agua, ahora dame el control.

-Ni se te ocurra cambiar de canal.

-No, pindonga.

-Estamos viendo este... Recital, especial. Este programa.

-Yo cambio.

-¡No cambies un coño! Es mi televisor y mi control remoto. Además, muy buen maquillaje, buena escenografía, buenas cámaras.

-El único coño que quiero es el de las amigas de la putilla de Pamela. Y tomá tu roñoso control.

-Chau, buffff -bufa y resopla y saca notable nube verdegris de sus pulmones Luigi, el Relaciones Públicas de la República de Mondonguia.

-Chau -hace el Guillo-. Cerrá bien.

-Chau -hace Andy-. Conseguí alcohol gratis.

-Chau -hago-. Chau.

El control del televisor es mío. Yo controlo la Music Tele Vision. Yo soy el amo.

Ahora pasan un video de Metallica.

Ahora pasan un video de Beastie Boys.

Ahora pasan un video de Divididos.

Ahora pasan un video de Blind Melon.

Ahora pasan un video de Nike.

Ahora pasan un video de Fishbone.

Ahora pasan un video de Los Fabulosos Cadillacs.

Ahora pasan un video de Mano Negra.

Ahora pasan un video de Aterciopelados.

Ahora pasan un video de IBM.

-Buenas luces, buenas manchas, buenas cámaras.

jueves, 17 de septiembre de 2009

8. Molotov


Encuadre: primer plano inclinado de Andy que agarra su micrófono y cierra los ojos y se dispone a aullar. Conozco bien este tema. Tengo cargado un rollo T-Max de 800 ASA, porque decidí sacar un rollo sin flash y otro con. Intento y consigo que entre en cuadro un enorme cartel que dice: HOY en MOLOTOV Bar - E.C.D.O. - en vivo. Hay un contraluz casi perfecto que aclara la mollera de Andy. Perfecto, perfecto, vamos.
-¡AAARRGGGHH!
Clic.
-¡Yeahhhh!
Clic, clic.
-All right!
Cómo jode, con el inglés. Clic. Miro el contador. Cuatro, a lo sumo cinco exposiciones más. Miro hacia la puerta del bar: el Guillo, asumiendo no sé qué papel de manager cortaboletos, regatea el precio de la entrada con un grupito de nenes entre darks y punks, onda The Cure en los ochenta pero con un golpe de lavandina. El Guillo está demasiado fumado y borracho, y veo cómo los cuatro o cinco adolescentes se le mandan por un costado, dejando apenas un billete y algunas monedas. De todos modos, el lugar está bien lleno. Cien, ciento veinte personas, calculo al voleo. Ubico a Luigi: en una mesa, muy cómodo, muy colgado, con un par de minitas de esas que nunca faltan a un recital, y con un flaco que no reconozco. Vuelvo a concentrarme en la banda: el escenario no es gran cosa -ni siquiera es un escenario, apenas un lugar para las cajas de sonido y los monitores y los músicos, alumbrado con cuatro luces de mierda-, y ya tengo fotos básicas en cantidad; dudo. Tengo sed. Busco mi botellita de agua mineral sin gas. No la encuentro. Nunca tomo alcohol ni me drogo cuando trabajo, pero creo que por esta noche ya está bien. Además, todos están disfrutando del recital, hasta el sonidista que está apretando con una morocha espectacular, quizás con una apariencia de puta que la sobrepasa. Encuadro. Clic, será, no será puta, opto por esperar el instante en que parezca muy puta. Otro clic, más cercano a la bombacha que le parte la concha: una foto para los amigos.
-Gracias -oigo que dice Andy. También se oyen aplausos, algunos gritos y chiflidos. Todo va bien, por suerte. Clic en primer plano el público, detrás los músicos. Faltarán tres temas, quiero creer. A Huevo, el violero, se le cortó una cuerda; busca cambiarla al mismo tiempo que el bajista -el Polaco- le da de beber de una botella de cerveza de litro. Bien, bien, zoom, bien, clic, ahí va, clic, ¡crac! El blanco y negro ya fue. Descargo la máquina y le pongo un Kodak Pro Color de 100 ASA, busco mi mochila, saco el flash, lo calzo y lo enciendo. Al final le hice caso al Guillo, y entonces uso el color, a pesar de que las luces del Molotov son una reverenda bazofia y todo lo tiñen -fotográficamente- de verde-azulado, pero mal, muy mal. Habrá que compensar con la potencia del flash. Andy se toma un bourbon, el muy hijo de puta. Jack Daniel's. Flash! Huevo se atraganta y escupe espuma. Flash! Pilas nuevas, tiempo de recarga óptimo. Flash! Estoy harto, out. Flash! Se me disparó sin querer, así que pienso ya es suficiente por hoy.
-El último... No, ¡el penúltimo tema! -grita Andy, saltando de lo borracho que está.
Flash! Buena imagen, todo bien.
Huevo termina de reponer la cuerda y se pone a afinarla. Flash!
En la batería, el Gordo transpira y mira a ningún lado, abrumado de cansancio. Zoom. Flash!
Flash! Para molestarlo al sonidista, nada más. Después le voy a cobrar la foto. Basta. Me abro paso entre las mesas y pelotudos que me dicen, me increpan "¡eh, acá, una foto, eh!", llego a la puerta, el Guillo tiene un vaso de trago largo con algo rojo y tibio.
-¿Qué es?
-Je, vos probá, Martino.
Pruebo. Apesta. Es muy fuerte.
-¿Qué tal las fotitos?
Hago una mueca de asco. Por la mezcla.
-¿Qué tal las entradas?
Mira la caja de zapatos -Timberland, pero igual de patética- que hace las veces de registradora.
-Bien... Creo. -Y empieza a ordenar los billetes y a contar las monedas-. Sí, bastante bien.
-Mejor. Ah, se te acaba de colar una pareja, Guillo.
-Y bueno... No problem. Ya se termina todo.
-Me voy a dar una vuelta, ¿venís?
Duda, me mira, mira su trago, la caja de zapatos.
-¿No podés esperar un rato?
-No, ni ahí. Después nos vemos.
-Uh, loco -se apura a contar la plata de la recaudación: el veinte para el bar, el ochenta para la banda. El sonido, en Molotov, lo tiene que pagar el grupo que toca. Mal negocio.
Salgo, voy hasta el Mégane de mi viejo, entro y desarmo la cámara y el flash y lo guardo en mi mochila; saco el medio porro que guardo desde ayer y enciendo el auto. Mejor el movimiento. Arranco, pongo primera, segunda, me detiene un semáforo. Miro para todos lados: apenas montones de pendejos que están dando vueltas sin rumbo fijo, como hicimos todos cuando éramos pendejos y no tuvimos ni auto ni plata, ni siquiera un poco de onda, creo recordar. Prendo un cigarrillo -compré un Lucky Strike 10 hoy a la tarde, por las dudas, a pesar de que casi no fumo tabaco, pero-, para despistar. El otro semáforo se pone en amarillo. Con el Lucky le doy fuego a la tuca, al tucón. El humo del cigarrillo me hace mal, lo noto horrible. Pero es sólo un instante, un ínfimo sacrificio. Tengo luz verde, me doy cuenta, por fin. Arranco, pongo primera, segunda, tercera, llego a la esquina de Maipú y doblo a la izquierda sin hacer ningún rebaje, este auto es de lo mejor, fumo a todo lo que doy, bajo un poco la ventanilla para que corra el aire, por la bocacalle -estará a unos sesenta, cincuenta, cuarenta metros- cruza, a paso de hombre (actitud de mierda, pésima), una camioneta de la policía; desacelero pero apenas, sin hacer bardo; cambio de manos el Lucky y el porrito va a descansar -sin apagarlo, no hay necesidad- al cenicero; treinta metros, veinte, subo la ventanilla, desacelero un poco más, diez metros, los canas terminan de pasar, cruzo detrás de ellos, incluso mirándolos como al descuido mientras le doy una pitada al tabaco rubio/marrón. Ya está, vuelvo a hacer un rápido pase de hechicero, como en "Las manos mágicas", y todo vuelve a su lugar.
Terminé de fumar, tiré el Lucky por la borda, vuelvo al bar. Mo-lo-tov. Buen nombre, lástima los ventanales que dan a la calle, las mesas berretas, de cuarta categoría, el piso, qué se yo. Estaciono lo mejor que puedo en el mismo lugar de antes (estoy con suerte, no lo ocuparon), bajo, respiro hondo, vuelvo a entrar. ¿Habré cerrado bien el auto? Vuelvo sobre mis pasos. Uhhh... Sí, todo bien. Ahora sí.
-No, no es así la cosa -le dice Andy al Nene, el chancho barbudo que hace de dueño del Molotov. Noto que el Guillo está a un costado y atrás de Andy -que parece bastante enojado-, y que tiene cara de esto-me-supera. Ubico a Luigi que se acerca con un vaso de medio litro de cerveza en una mano y una chica en la otra. La mina es Lorena, su novia ex-novia transa, qué se yo.
-Qué querés que haga, ustedes me habían dicho que iban a llenar, pero los números no me cierran -dice el chancho-Nene, Nene-chancho.
-Mirá, nosotros pagamos el sonido y encima te damos parte de la entrada -Andy estará borracho, sí, pero también muy cabrón, y eso compensa la desventaja.
-Es lo menos que pueden hacer. Yo pongo el bar, hago los carteles...
-Bueno, yo no tengo la culpa de que la gente no tome lo suficiente.
-Hagamos cincuenta y cincuenta con las entradas, y arreglamos.
-¿Por qué? No, ni a palos.
-Además, al sonidista lo llamo yo...
-Y te quedás con tu mordida, Nene.
-...las luces también las pongo yo...
-...las luces también son una mierda...
Acabo de decir, desde la claridad de mi cuelgue.
-¿Y vos qué sabés?
-Algo sé, de luces. Y éstas no existen. O a lo mejor, si no existieran, todo estaría más pasable. La mugre se vería menos.
-Mirá, pendejo.
-No, mirá vos -lo frena Andy, lo deja seco-. Te vamos a dar lo que habíamos dicho, y punto.
-¿Qué te pasa? Si seguís jodiendo, ni vos ni tu banda tocan más en Molotov -y remarca Molotov como para hacer creer que estamos en el Whisky A Go-Go de Los Angeles, o algo así.
-Qué bien, qué bien -y Andy se hace a un lado para dejar pasar al Gordo y sus amigos, que cargan las últimas partes de la batería y los equipos en el flete de siempre. Esta mala onda hace que el efecto del caño empiece a disiparse. Todo mal.
-¿Entonces? -apura el chancho, y veo el sudor que le brota de los poros de la cara y que se hace un engrudo con la grasa que es pasta base de su piel.
-Entonces, un carajo. No te damos un mango. Nos vamos.
-¡Estás loco, vos! ¡Pará!
Y hace un mal dibujado ademán de ponerle una mano en el cuello a Andy. Luigi lo intercepta y le tira el vaso lleno a la jeta. Muy divertido. El chancho no reacciona y aprovechamos para desparramarnos por la cantidad de vehículos que tenemos esta noche. Todo bien, entro al Mégane, lo enciendo, arranco, pongo primera, segunda.
-Qué quilombo -dice alguien, al lado mío. Es Luigi. ¿No estaba con una chica, Luigi?
-¿No estabas con una chica, vos?
-Ah, Lorena, sí. La perdí, parece.
Llego otra vez a Maipú, no sé si doblar o seguir hasta Laprida, o incluso hasta más adelante; podría doblar más adelante, multiplicidad de opciones, qué se yo.
-Lástima la cerveza -se lamenta Luigi.
-Pero valió la pena -lo consuelo yo.
Y pongo cuarta velocidad, por fin.

viernes, 4 de septiembre de 2009

7. La Puerta



Subjetiva, la cámara, a ver qué pasa. Un bar, este bar, está repleto, crowded. De una las más de las veces patética fauna pseudohumana. Acabo de entrar, solo, y sufro de ese incierto momento que es patrimonio del recién llegado a un lugar de encuentro y que todavía no ve ninguna cara merecedora de atención. Demasiados tipos y minas, onda Facultad de Humanidades y Artes, gente de teatro y tardes de café revolucionario. Increíble, a estas alturas del milenio. Pero bueno, no me molestan, hace rato que dejaron de hacerlo. Mientras se queden en el molde y no encaren con parrafadas propagandísticas.

-Hola, Martín.

Saluda una chica linda, bajita, más bien interesante que linda, algo fuera de forma y con ropajes hippies, pero aggiornados. No sé quién es, o no lo recuerdo, que se me antoja lo mismo.

-Eh, hola -sigo desubicado, ni siquiera colgado. Desprevenido-. ¿Viste a los chicos, a mis amigos? -contraataco.

-¿Quiénes son, tus amigos?

Me quedo mirándola, zombie; ensayo una mueca -planos detalle- que intento sea divertida. Miro detrás suyo. Un brazo, una mano me hace señas: Luigi y el Guillo están en una mal ubicada mesa del fondo del intento de galería de arte que es esta parte del bar.

-Nada, no importa. Nos vemos, flaca.

El "flaca" es bien ambiguo, de compromiso; sigo sin recordar siquiera quién es esta chica que insiste en mirarme, plantada frente a mí y sin aparentes intenciones de salir de mi camino. La petisa se esfuerza en sonreír: reparo en que sí, está bastante rellena (es parte de su onda: las personas inteligentes no necesitan cuidar su apariencia física, o algo así), y siento que el "flaca" puede haberle resultado ofensivo. De todas formas no me importa, la noche ni ha empezado.

-Chau -insisto, y le doy un besito junto a la boca mientras como al descuido le acaricio el pelo rojizo. Lástima, un poquito de gimnasia y estaría para el crimen. Es cuestión de voluntad.

-Chau -y se hace a un lado para dejarme pasar.

-Pedimos whisky -me informa el Guillo-. El Blender's está a cuatro, el J&B siete.

-¿Y cuál van a tomar?

-J&B, claro, es temprano -Luigi enciende un Camel-. Pedite uno.

-No, mejor cerveza.

Llega la moza con los whiskies. Quilmes tres cuartos, indico. Helada, por favor, subrayo mientras noto que el Guillo le mira el culo sin ninguna precaución. La moza parece notarlo, adopta un aire ganador, levanta aún más sus trabajados glúteos y gira con gran estilo en dirección a la barra. Todos la miramos irse, un par de segundos.

-Estamos celebrando -el Guillo alza su vaso-. Por el disco de Andy, bueno, de la banda. Salud.

-Eh... ¿Qué?

-Salud -responde Luigi y le da un buen trago al escocés-. Ah, ahora me siento mejor. Tomá un poco, querido, hasta que venga la birra.

-¿Qué disco? -glub está bueno, frío y fuerte.

-Un tipo de una discográfica lo llamó hoy a Andy y le propuso grabar un compact -está feliz, el Guillo. Eso es bueno, para variar un poco-. A nivel nacional, la difusión. ¡Se nos dio, che!

¿Se nos dio, qué?

-¿Así de fácil? -la idea no me cierra del todo.

-Sí, así de fácil. ¡Nos vamos para arriba!

-Mirálo al chabón, está contento -me da un leve codazo Luigi-. Ya quiere ser el manager y contar los billetes.

-¡Ahí viene Andy, la estrella de rock! -y de veras que el Guillo está exultante, porque se atraganta con el J&B, cosa poco común. Llega Andy.

-Hola, chicuelos -deja el celular y las llaves del auto sobre la mesa, detalle innecesario en este lugar, creo. Bah, boludeces mías. Tres días sin fumar ni un poco me han puesto extra-preciso, ultra-detallista. Sí, boludeces. Mejor me relajo. Llega la moza.

-Una Quilmes, tres cuartos -repite la muy estúpida, apoyando la botella al tiempo que intenta destaparla una, dos veces, lo consigue, da un bufidito. La belleza de la mujer promedio es directamente proporcional a su estupidez. Buena frase, creo que la dijo el mismo Andy, una vez, no sé. Buena frase, en definitiva. Luigi y Guillo le miran el culo, Andy se concentra, ojos trastornados, recién lo noto, en el soberbio escote y las estupendas gomas de la moza.

-¿Algo más, chicos?

-Otro vaso de cerveza, por favor -y Andy busca mirarla a los ojos mientras dice esto. Apenas un instante.

-Otro vaso de cerveza -repite ella. ¿Tendrá el cráneo tan vacío que produce solamente ecos? Estoy intolerante, me doy cuenta. Tampoco me importa; prefiero averiguar de qué se trata esto del disco y del salto a la fama, o como quiera que sea.

-Contame las novedades -la cerveza, gracias a Dios, está muy bien. Me levanta el ánimo, como debe ser.

-Bue, la cosa es así -y asume su posición de orador, un codo en la mesa-: Hoy a la tarde suena el teléfono...

-"Lo atiendo, digo hola" -se burla Luigi y termina su trago.

-Shut up, ass-munch. Prosigo. Atiendo...

-JA-JA-JA -nos reímos como subnormales. Nos sale bien, a los tres.

-Se van a la mierda.

Quiere que le roguemos. Bueno, le insistimos un poquito. Luigi le muestra el vaso de whisky vacío a la moza y le hace un gesto más que evidente de "otro más de lo mismo".

-Bueno, pónganse las pilas -está muy colgueta, le cuesta poner en orden un discurso elemental y estructurado. Mejor el caos-. Resulta que era, es un productor de Vía Láctea Music, ¿la tienen? ¿Sí? Bueno. Hace un tiempo les mandé un cassette con unos demos, los escuchó, le gustaron, y piensa que podemos grabar. Pero.

-Ah -digo.

-Pero antes quiere vernos en vivo, y me pidió algunas fotos o un video de la banda.

-¡Yo te hago el video! -el Guillo se atora por segunda vez con su alcohol, si será opa.

Dudo un minilapso fatal, aturdido por la infame demostración del predispuesto Guillote. Y quedo mal, embarrado.

-Qué bárbaro -una brizna de énfasis que suena a duda en mi afirmación. Tengo que decir algo mejor. Andy me mira, como diciendo, preguntándome: "¿Ese es tu entusiasmo?" Voy a decir algo. Llega la moza, las manos vacías.

-¿Querías otro whisky?

Luigi la mira, desaprobándola. El Guillo tuerce la cabeza para tener un mejor panorama del pantalón muy ajustado. Andy sufre un microcolapso y se estaciona otra vez en semejante par de globos, bien duros, y parece que de verdad, nada artificiales. Pero tan bobita, la pobre.

-Sí, quería otro whisky -silabea Luigi.

-¿El mismo, J&B?

-El mismo. J&B.

Está a punto de dar media vuelta. Anticipándome a futuras tardanzas y demostraciones de falta de seso, me apuro y la freno.

-Y, ya que estás por acá, traenos otra cerveza -hago el gesto universal de STOP-. De la misma -y concluyo con un-: Por favor.

Se va, por fin. Lo apuro a Andy, que por suerte está en cualquiera y además sufre de amnesia con respecto al pasado muy cercano.

-Podemos hacer unas fotos copadas, che. Algo distinto, bien hecho, en blanco y negro.

-Cómo jodés con el blanco y negro, Martino -el Guillo, esta vez, no se traba y mata su bebida. Me cansa su falta de estabilidad emocional.

-Vos hacés tu video a color, yo hago mis fotos de la manera que se me canta. Saber ordenar comidas, neones, vidas: el blanco y negro. En el medio NERVIO: Krakatoas, lúmpenes, Gusanos y amantes... Tenés un montón de grises.

-Bah -hace. Le saca el vaso a Luigi y toma un trago de agua de deshielo.

-¿Y para cuándo, las fotos? -intento sacar a Andy de su frecuencia-esponja.

-Y, para lo antes posible.

-Como siempre -resoplo, y tomo más cerveza, hasta acabarla.

-Che, estás mala onda -apunta Luigi. Y es que él parece estar siempre más allá de los problemas, del bien y del mal, pasa de todo lo que a otros no les deja de pasar.

-Sí, puede ser. Podríamos fumar un caño, tengo ganas. ¿Les parece?

-Sí, bue, pero después -y Andy se pone a mirar las mesas vecinas: más tipos y minas de la onda progre, tomando cerveza y comiendo maníes y aburriéndose lo mejor que pueden. Por lo menos intentan disimularlo, al opio. La chica-petisa-interesante-gordita que me interceptó antes pasa detrás de la ventana que da a un pasillo que da a la calle y me saluda con la mano, es un flash condensado en una partícula, la fotografío y me quedo con una agradable sensación: la autoestima se me pone en su sitio, la respiración se ordena.

-¿Adónde vamos, después?

-A fumar un caño.

-Claro.

-Ya sé, pero después.

-No sé, ¿qué les parece?

-A mí no me parece nada.

-Tengo sed.

-Colgado.

-Acá llega el culo -avisa el Guillo.

-Otro J&B con hielo, otra Quilmes... -empieza.

Me molesta, arruina mi débil equilibrio.

-...tres cuartos... -y falla su primer intento de abrir la botellita.

Me molesta mucho.

-¿Te podemos pagar? -digo, y me vende mi mirada asesina-. Es que nos vamos enseguida.

-Sí, claro, chicos. A ver, cuánto es...

Esto es too much; le quito mi atención y enfoco a Andy.

-¿Entonces, la banda graba su primer disco para todo el país?

-Eso, para todo el país: Argentina Televisora Color.

-Excelente. ¿Así de fácil? -insisto, y noto que mejor que sea la última vez. La moza me debe estar contagiando algún virus sopla-neuronas.

-Parece que sí, che.

-Brindemos, entonces -todos con cerveza menos Luigi-. Por el éxito, así de fácil.

-¿No tienen cambio, chicos?

No, basta.

-No -acabo de soltar.

-Es que el dueño fue a buscar y no encontró nada, y si les doy a ustedes nos quedamos sin...

-Que se joda, el dueño -digo, revirado. Me bajo la birra.

-Sí, que se joda -me apoya el Guillo, pero en buena onda, buscando descomprimir la tensión. Mi tensión.

La potra descerebrada no insiste y nos alarga el vuelto, al tiempo que todos terminamos nuestras bebidas. Quiero rajarme de este bar, es un bajón, no me pone de humor. Nos levantamos, la moza agrupa vasos, botellas, Andy recupera su teléfono y sus llaves y la mira muy a los ojos y: -Qué flor de tetas que tenés -le dice, la palabra "tetas" queda flotando sobre la mesa, separándolos apenas, en letras tipo señales de humo de dibujitos de Speedy González.

Corte a primer plano de la mujer, ¿veinte años?

-Gra... cias -atina a balbucear.

Corte por contracampo al muy probable primer plano de Andy; sin embargo, lo único que se ve son nuestras espaldas que se pierden entre el zoológico de fieritas inofensivas, aburridas ya sin disimulo.

viernes, 21 de agosto de 2009

6. Juegos


-Pasame el whisky, Martino.

-Ahí va.
Estamos tomando una botella de Vat 69 de 750ml., nada mal si se tiene en cuenta que somos cuatro, que ya tomamos tres cervezas de litro, y que nos fumamos el último caño que nos quedaba. Todavía no es medianoche, siquiera. El televisor de Andy muestra una porno de mala calidad, tanto por los tipos y las minas que se revuelcan mal y aburridos al borde de una pileta, sobre el césped (lo mejor del video), como por la baja definición de la imagen electrónica. El Guillo apaga el aparato infernal.
-Bue, qué hacemos -mastica Andy-. ¿Vos, Luigi, que querés hacer?
-No sé, qué sé yo... Creo que tenía que hacer algo, pero no me acuerdo.
-Juguemos a las cartas -propongo-. Al truco. Somos cuatro.
-Sí, dale -apoya el Guillo sin mucha convicción-. Yo las busco. No, mejor fijate vos dónde están, Andy.
-Uf -y Andy sale del living en busca del mazo.

Corte a 23:42 hs., Andy vuelve con las cartas y más hielo para el whisky y mezcla y reparte, jugamos Luigi y yo contra los otros dos, miro lo que me tocó, epa, estaré tan colgado: siete de espadas, cinco de espadas, ancho de bastos.
-¡Me acordé! -salta Luigi antes de que pueda coordinar alguna seña, antes siquiera de que levante mi vista para mirarlo-. ¡La tengo que llamar a Lorena!
-¿Eh? -no puedo creer en la infalibilidad de la Ley de Murphy.
-Bue, la mano se da de vuelta -dice Andy y tira sus cartas en el mazo.
-Sí, va de nuevo -se apresura el Guillo y mezcla las suyas.
-¡La puta madre, Luigi! ¿A esta hora vas a llamar a tu novia? ¡No seas tan pelotudo! -no llego a tapar mis excelentes barajas y Andy me las saca y se las muestra al Guillo y se me ríen en la cara, los muy idiotas.
-Hola, ¿estaría Lorena? -A Luigi le importa un carajo haber perdido una mano tan buena-. Ah, sos vos...
Unos chillidos como de hamster proceden del otro lado de la línea.
-Sí, ya sé que te tenía que llamar antes, pero... Sí, estoy con los chicos. Sí, pero... Ah, era hoy... Sí, sí, cómo no iba a acordarme.
-¿Y si traigo los dados? -pregunta Andy-. Aunque sea para después.
-Sí, no, pero sí, mi amor, yo también... Sí, no seas boluda, perdón, ¡no, no te lo dije mal! En serio, perdoname. Bueno, sí, bueno, eh... ¿Seguro que no querés que pase a buscarte?
-Qué colgado este Luigi -me dice el Guillo y se sirve un vaso grande, antisolidario para con nosotros de tan enorme que es-. Hoy a la tarde me había dicho que cumplía diez meses con la novia.
-Ah -digo, sin poder dejar de mirar el vaso del Guillo: lo comparo con el mío-. ¿Me alcanzás la botella?
-Bueno, Lore, pero... Sí, tenés razón, ya te lo dije, ¿qué más querés? Bueeeno... Sí, sí, chau, mañana te llamo, eh... Chau, un beso, ey, ¡me cortó!
-¿Y? -hace como que se interesa Andy.
-Están todas locas, pero ésta está re-loca, especialmente demente. (Suspira). Que se mate.

Corte a 00:51 hs. Terminamos el partido de truco y nos disponemos a jugar a la mosca, también con cartas, disciplina menos complicada pero más ágil.
-Puf, no nos queda más faso -Andy está desconsolado; dentro de un rato, según lo dicta la experiencia, su estado de ánimo virará sin pasos intermedios a la mala onda.
-¿No quedó una tuca en algún cenicero? -pretende animarnos el Guillo-. A ver, busquemos. Nada, nada, nada, ¡ah! ¡Acá hay algo!
Es una tuca chiquita, que podría servir para uno o a lo sumo dos de nosotros: bien mirada, siendo objetivo, llego a la conclusión de que es una verdadera MIERDITA. Sin inmutarse, el Guillo la enciende haciendo malabares. Mezclo las cartas, Andy corta, reparto cinco para cada uno y doy vuelta la última que me toca en suerte: un dos de oros. Bueno, esto va para largo.
-Tomá, Martino -el Guillo me pasa la tuca-. Paulista, ep, que no alcanza.
Y le doy una única seca, lo más profunda y discretamente que puedo para no enardecer ni a Andy ni a Luigi, y la paso. Es una suerte que tengamos la tuquera de madera: es mejor que usar papel metálico, porque deja feo gusto en la boca, y mucho mejor que usar la bombilla del mate, porque directamente te la podés tragar entera (la tuca, no la bombilla) y, lo que es peor, encendida. Hay que ser realmente imbécil para que eso pase pero, bueno, de un tiempo a esta parte somos varios los que llenamos los requisitos para recibirnos de Tarados Nacionales.
-¡AH-AJ-AHJ-COJ-COJ-COJ! -hace Andy.
-¡Qué retardado mental! ¡Se tragó la tuca! -se enfurece Luigi, el único que quedó sin recibir su puchito de Mary Jane.
-¿Cómo hizo? -pregunta el Guillo mientras mantiene el humo verde en sus pulmotores-. Hay que ser, ep, nabo.
-Ep, es que Andy, up, lo es -remato, feliz de tener una buena porción de angelitos revoloteando dentro mío.
Luigi, enojado, se sirve un vasote de Vat 69 y se lo manda de un trago; toma aire, se estabiliza, se recupera, vuelve a meter hielo y whisky hasta acabarlo.
-Ahora sí -dice, colorado, sacándose la remera-. Juguemos esa mosca.
Corte a 01:33 hs. Estamos todos hartos de las cartas. Andy trae los dados y el cubilete: tira un par de veces, sólo por gusto, o por disgusto. Luigi y el Guillo salen en busca de más cerveza y de algo para picar, papas fritas o algo así. Gracias a Buda por las estaciones de servicio. Hojeo una Playboy vieja, de mediados de los ochenta, ningún artículo, ninguna foto, nada me interesa. La dejo encima de televisor, voy al baño. Meo sin ganas, por obligación fisiológica, me mojo la cara, el pelo, me miro al espejo: no tengo sueño, ni tampoco parezco tener sueño. Vida de vampiros. Eso es bueno, pero no estamos en el fin de semana. Poca caza. Ah. Se me está pasando el cuelgue, ya ni creo en mis propios chistes. Media vuelta, eso, estoy de vuelta en el living, Andy que puso otra vez la porno. Puf.
-Puaj -hace Andy.
Vuelven los chicos con las cervezas y una bolsa de papas y otra de palitos.
-¡Qué sed, viejo! -se me escapa-. ¡Destapen eso ya!
-Mientras, vamos tirando unos dados -propone Luigi.
-Me voy a hacer un café -Andy se levanta para después preguntar, muy de compromiso-: ¿Alguien quiere?
-Yo quiero uno -digo, sólo para molestarlo. Me molesta que esté molesto; sé que se va a poner más y más denso con el paso de los minutos, pero tenemos varias cervezas por delante, y todavía no es hora de irse. A jugar dados, a la generala, al diez mil, a lo que mierda sea.
Corte a 02:24 hs. No more dados. No more beer. Ahora sí que la noche carece de sentido. El Guillo enciende su enésimo Marlboro, Luigi uno de sus Camels, Andy el último de los suyos.
-¿No querés hacerte otro café, Andy? -lo alienta Luigi, chupaculos como sólo él puede hacerlo cuando quiere.
-No, no quiero hacer nada. Vos ya sabés dónde está todo, así que andá y hacé lo que se te cante.
-Eh, bueno, qué carácter del orto que tenés.
No sabemos bien qué hacer, pero estamos seguros de no tener tanto sueño como para irnos y arriesgarnos cada uno por su cuenta a caer en las garras del insomnio. El insomnio es horrible.
-Tenemos que conseguir caño mañana mismo -Andy se concentra-. Quién... Ya sé. (Hacia nosotros, apremiante). ¿Tienen plata?
Dudo un instante; el Guillo, bonachón como un tío con su primer sobrino, se me adelanta:
-Sí, querido amigo, sí. Siempre hay para las cosas importantes.
-Bueno, es un alivio -dice Andy y parece realmente estar mejor-. ¿Jugamos un T.E.G. y nos vamos a dormir?
T.E.G.: Plan Táctico y Estratégico de la Guerra. Luigi vuelve con su taza de café. Desplegamos el mapa. Repartimos las fichas y las tarjetas de objetivos. Nos repartimos los países del planeta. El Guillo ataca con los ejércitos negros. China versus Kamchatka. Defiende Andy con los verdes. China comienza a conquistar Asia. Ataco con mis ejércitos, los blancos. Desde Nueva York busco invadir Terranova, Groenlandia, Canadá, todo junto. Pierdo. Luigi toma su café con dos cucharadas de azúcar. Se reagrupan las fichas, se cuentan los países, se planean nuevos ataques. Una cucaracha cruza corriendo debajo de la mesa. Alemania contra Italia. Egipto contra Sudán. Argentina contra todos. Un dado cae al piso. Rebota varias veces. Busco agua y hielo. Se enciende un cigarrillo. Se apagan dos cigarrillos. Se oye el gotear de la canilla de la cocina. Oceanía contra Asia. Europa contra América del Norte. Nadie quiere ir a poner música. El juego quiere terminarse. No se acaba. La Playboy de los ochenta en la mesa. Los ceniceros llenos. Humo. Un bostezo. Todos contra todos. Por el mundo. Otro bostezo. La guerra se suspende vencida por algo parecido al sueño. Es hora.
-Bue, chau, chicos -nos saluda Andy y cierra la puerta.
Corte a 03:58 hs. Por el Boulevard Rondeau pasa un auto, en silencio.