
¡AH, ME DUERMO, NECESITO UN CAFÉ!
Es que estoy, estamos todos -lo sé- muy cansados. Fisurados. Ayer a la noche, hoy a la madrugada terminamos como a las cinco, cinco y media, y seguro que después cada uno en su casa se dedicó a la comida, a tomar algún Nesquik o algún pase de sandanga o hasta a escuchar la radio. Por mi parte: café con leche tamaño BIG, sandwich de jamón y queso y pan lactal tostado con poca mayonesa, un paquete de Oreo de chocolate. Después, a soñar, que es domingo y es el día de descanso de los cristianos. Como se debe.
-Hola, Martino.
-¿Ahm? Ehgh...
Me llamó el Guillo a las cuatro de la tarde, logrando lo que no pudo mi vieja que, vi en ese momento, se había ido con el resto de la jauría. Me di cuenta al instante de que estaba hambriento, famélico. Gajes del oficio. Y tenía sed.
-Eh, Martino, dale, despertate que son las cuatro y pico.
-Bueno, sí, qué pasa.
-Me invitó una amiga al estreno de una obra de teatro.
-Ajá -gran bostezo-. ¿Y?
-Y, vamos. Tengo cuatro entradas. Avisale a Andy y que lo llame a.
-Pará, pará -rebobino, pienso, evalúo-. ¿Teatro? A mí no me gusta, el teatro.
-No seas rompebolas.
-Y menos el teatro rosarino.
-¿Algún otro plan?
-Me acabás de despertar.
-¿Alguna idea brillante?
Ah, no. Ironías a mí, recién despierto, no.
-¿Comparada con la tuya? A ver, ya lo tengo -pequeña pausa, suficiente-. Podemos ir a darnos patadas en el culo al parque Alem, y después pasamos la gorra. Nos divertimos y además nos hacemos unos mangos. Yo te pateo el culo a vos.
-Imbécil, se me acaba la paciencia. Llamalo a Andy, que a Luigi lo llamo yo, mejor.
-¿De qué es, la obra de teatro?
-Es un unipersonal.
-Uhhh, no -pinta mal, la cosa-. ¿Es cómico?
-No sé, pero la actriz es una guacha, una potra terrible.
-¿Se pone en bolas?
-Seguramente. Es un unipersonal. Si no se pone en pelotas, se van todos a la mierda.
-Ah, entonces sí. Cuándo y dónde.
-A las ocho en el parque España. En la entrada a los túneles.
-Empieza temprano, además. ¿Y no hacemos, eh, antes?
Nunca se sabe. El teléfono de un amigo de un primo de Luigi estuvo pinchado durante un tiempo: el flaco vendía porro, poco pero vendía, y un día lo llamaron los de la Federal; ahí se acordó de los ruiditos raros que le entraban en la línea cada vez que hablaba de faso. Y nos quedó la paranoia. Entonces:
-La obra es a las ocho y media. Tenemos un rato para dar una vuelta.
-Bueno, lo llamo a Andy.
-Bárbaro -un ruidito del otro lado de la línea, como de encendedor-. ¿Todo bien, desde anoche?
-Sí, bien. Ah, me duermo, necesito un café. Ci vediamo.
-Chau.
Me hago un café con leche. Mi vieja me dejó una bandeja con sorrentinos de ¿queso? ¿queso y cebolla? Debajo de la bandeja, una nota que dice: "Acordate de que mañana salgo de viaje. Besos." Fuck off. La pasta viene con salsa de carne y con queso rallado encima. Livianito. Lo pongo todo a calentar a fuego mínimo, revuelvo un poco con cuchara de madera (como debe ser), saco un paquete de Oreo de la lata de las galletitas, voy hasta el teléfono. Ñam, sglurb.
-Hooola.
-Ñam, sglurb.
-¿Eh?
-Holambg, Andym.
-Martino. ¿Podés dejar de morfar, en algún momento de tu vida?
-Buenom, glurch.
-No todo es comida, cerdo, lechón.
-Ajá. Qué rico, un lechón.
-Además hay drogas, mujeres, autos, música, días de sol, ¡la vida es bella!
-¿Qué te pasa, Andy? ¿Estás bien?
-Sí, bue, dentro de todo. Dormí cuatro horas y desde las once que estoy para adelante.
Éste se zarpa y habla y habla y habla. Lo freno.
-Bueno, ponete tranqui que estamos hablando por teléfono.
-No seas paranoico.
-Bueno.
-¿Algún plan?
-El Guillo me llamó para ir a ver el estreno de una obra de teatro. Un unipersonal.
-Qué bien. Vamos todos. Everybody. Yeah.
-Pasame a buscar a las siete y media. Estás con el auto en condiciones.
-Síp. Teatro. Me gusta. Un solo actor, mejor. Me distraigo menos.
Termino mi última galletita de chocolate. Un olorcito me araña la fosa nasal (narina en batracios y reptiles) izquierda.
-¡LA PUTA MADRE! ¡Se me quema la comida!
-Jodete, por cerdo.
-Chau, siete y media te espero.
-Ja, bue, chau, nos.
¡Clack!
Corte a la llama del fósforo que acaba de encender Luigi, que a su vez le da fuego al porrete que sostiene Andy entre sus labios. Son las ocho y cuarto, estamos arriba del Complejo Cultural Parque de España, creo que así se llama, los árboles y los arbustos y la casi noche nos abriga. Temperatura perfecta, se ve el río, pasan algunos enormes barcos de carga, uno hace sonar su sirena TUUUUUU-t!
-Qué colgado este Guillo, querido.
-Tomá, ups, Martino.
-Bueno. Además, él tiene las entradas. A ver, que alguno se fije si llegó.
-¿Por qué no vas vos?
-Porque estoy fumando, Andy.
-Buffff, tenés razón, voy yo. ¡Energía, energía!
Y se va a los saltos.
-A ver el caño, querido. ¿Qué le pasa a éste?
-Está reduro, desde hoy a la mañana.
-Up, mirá vos. Ahí vuelve -Andy está corriendo-. Está descontrolado, up-ep.
-¡Ahí viene, el Guillote! Dame que quiero fumar unas secas más, y basta.
Llega el Guillo, que está agotado después de subir las escalinatas del Complejo. Cincuenta, sesenta escalones.
-Acá hace falta un ascensor -dice, y le da una pitada a su Marlboro-. Uch.
-Tomá, Guillo, fumá, uff.
-Uh, Andy, estoy fumando desde que me desperté -pone los ojos en blanco, un segundo-. Estoy muy loco. Me vendría bien un cappuccino, o una Coca bien fría, o las dos cosas. Pero bueno, dame.
-Si querés te doy un pase -Andy está generoso, hoy, milagro. Espero que le dure la buena onda. En general.
-¿Tenés merca? -el Guillo fuma y lo medita, me pasa el joint-. No, en todo caso después -la cocaína nunca le cayó simpática, al Guillo. Tuerce la boca, enarca una ceja-. Pero gracias igual.
Fumo, ya queda poco, me quemo el índice de la mano derecha.
-Ay -hago.
Corte al interior del miniteatro tubular, somos casi los últimos en llegar, por suerte los asientos están numerados y nos acomodamos en la cuarta, quinta fila, nos tropezamos entre nosotros mismos, una chica linda rubia teñida pero bien teñida buenas tetas saluda al Guillo el Guillo se sonríe los ojitos chiquitos y coloradeitors y levanta una mano:
-¡Eh, hola, eh! -bardea, a los gritos. Luigi lo sienta de un tirón y lo llama a silencio.
-"¡Eh, hola, eh!" -lo reta-. ¿No sabés hablar, vos?
-Es que me olvidé cómo se llama -se sonríe el Guillo, con cara-de-chino. Y se pone a reír y a darle golpecitos a Luigi, que a su vez le responde con coquitos en la cabeza.
-Che, infradotados, que ya empieza -hace Andy y los agarra de los pelos. No lo puedo creer. Por suerte, bajan las luces y la sala-túnel se pone negra. Una luz al escenario. Aparece la actriz.
Corte a la cara atónita de Andy, que gira su cuello para mirarlo al Guillo, que musita:
-A lo mejor después cambia... -y se hunde en su butaca. La actriz, que está en verdad muy buena pero que también está muy vestida, grita:
-¡Oh, Afrodita, cuán terribles, cuán trágicos tus días! -con voz engolada.
-Yo te mato -susurra Luigi en el oído derecho del Guillo. La mina sigue, chilla:
-¡De todo el Olimpo, te elijo a ti! ¡De todas las diosas, tú eres mi diosa!
-A la salida te cagamos a piñas, sí, a vos -tengo que pasar por encima de Luigi para llegar hasta el amigo que me hace ver teatro. Nunca me gustó, el teatro. Pero esto me supera. Al fondo del escenario, que es apenas un telón arratonado barato, se contorsiona un mimo vestido como en el Teatro Negro de Praga, salvando diferencias. No entiendo qué hace ahí, obvio. Ahora la actriz, haciendo alarde de una inusitada temeridad, rompe el espacio escénico -así decía una amiga mía que hacía cursos de expresión corporal, o algo así- y se nos acerca, caminando como ganso desplumado por el pasillo. Se frena, mira en nuestra dirección, pregunta:
-¿Algún alma será tan solitaria como la mía?
Y hace un silencio. La mina busca a alguien con la mirada, se detiene en Andy, me parece, o en el Guillo.
-¿Alguien me dará su prístino candor?
Andy la mira fijo, le sostiene la mirada pero mal, porque la cara de bronca que tiene es apabullante. Le duró poco, la buena onda. Andy está comiendo una pastilla Fuertess, de mentol. Todos, los cuatro, estamos comiendo esas pastillas duras, broncodilatadoras. La mina sigue:
-¿Me prestará alguien su calor?
Y le extiende una mano a Andy, a pesar de que está a tres asientos de distancia y de que es obvio que no podrá tocarlo. Andy chupa su caramelo, la mira, veo que piensa algo dark. Silencio. Una luz sigue la mano de la mina y se centra, más o menos bien, en mi amigo. Silencio. Andy saca la pastilla con la lengua, la sostiene entre los incisivos, sonríe torcido.
-¡CRACK!
Hace el Fuertess al romperse dentro de semejante silencio.
Corte a la explanada exterior del C.C.P. de Spagna. Fuimos los primeros en salir, así que podemos ver quién estaba adentro de la sala. Los chicos encienden cigarrillos. Breve pausa.
-Por lo menos se puso en bolas -inicia una defensa el Guillo.
-En tetas -lo corrige Luigi-. No es lo mismo.
-Y con todo el quilombo de luces y sombras y esa música de mierda, las tetas ni se vieron -ataco, lo peor que puedo-. La próxima vez nos pagás, para venir.
-Yo sí le vi bien los pechotes, y estaban muy bien -asegura Andy-. Además, la mina tiene aguante. Porque la hice quedar remal, y sin embargo se la bancó sin decir ni ay.
-Nunca tan importante, Andy -Luigi fuma y mira hacia los portones-. Ni tan terrible tampoco... Pero estuvo bueno, lo tuyo -concede, como siempre-. En fin. Ahí vienen tus amigas, Guillo.
Las chicas son tres, una es la rubiona teñida que está buena, otra es una morocha flaca bonita de ojos verdes que tengo vista de algún lado, y la tercera (que me parece que recién se les agrega) es una incierta gordita bajita de pelito insulsito y cara de yo-me-la-sé. El Guillo nos presenta; ellas son Gabriela (¿Graciela? No, quién se llama Graciela en los '90), Soledad la morocha verde y María Jesús o María José la gordita.
-¿Qué les pareció la obra? -Gabriela.
-Y... -Guillo.
-¿La verdad? -Luigi.
-Un bodrio -Andy.
-Un bodrio total -Martino, eh, yo.
-A mí tampoco me gustó -Soledad, que me parece me mira. Flash.
-Una estética superada -María Jesús.
-Bueno, les ofrezco la revancha, si nos acompañan -Gabriela.
-¿Eh? ¿Qué? ¿La revancha? ¿Cómo? -Martino, Luigi, Andy, Guillo.
-Tengo entradas gratis para otra obra. -Sonríe, encima-. Dentro de un rato en el Rivadavia.
Silencio. Los cuatro nos miramos, algo incómodos. En cuestión de segundos (para ser exactos, tres) evaluamos la situación: dos minas que están muy buenas -una de las cuales se la gana el Guillo, casi seguro, por ser el "amigo"-, una tercera que nadie tiene en cuenta, una hora y media (¡tal vez dos!) de nuestras vidas mirando otra gansada que terminará de matarnos del opio. A mí la ojos verdes me gusta, pero tanto sacrificio con resultado incierto. Entonces: el Guillo por sí, Andy y Luigi por no, yo sin decisión.
-Bueno, mirá, en realidad -inicia Andy.
-¡Esta vez es una obra muy recomendada! -asegura la rubia big mamas-. Y tiene años en cartel. Y es una comedia. Son dos actores, un varón y una mujer, que hasta actuaron en Francia... Creo.
-¿Cómo se llama, la obra? -pregunto por cortesía, mirando a la morocca e imaginando algo positivo.
-Se llama, se llama -rubia descerebrada-. Uy, a ver. ¡La mujer sentada!
-¿En serio? -Luigi tira su pucho, se interesa-. Es de Copi, un historietista francés... Creo.
-¿Qué creés? -lo apura Andy, agreta. Está entrando al bajón. Quiere irse. Eso sí lo sé.
-Creo que es francés. Pero sí, debe ser excelente. La historieta es excelente.
-Pero es tarde -hace Andy-. Nos vamos.
-Ay, chicos, no sean así -insiste la rubia. ¿Qué le pasa? ¿Por qué tanto interés?
-Podrían hacer un esfuerzo... -susurra la morocha. ¡Sí, vamos!
-Además -insiste Gaby la Blonda-. Si nos apuramos, fumamos dos porros que me regalaron hoy.
-¡Cómo convencés a la gente! -y Andy la abraza y le da gran beso en la comisura rouge de rouge.
Corte a Andy, Gabriela, yo, Soledad ojos en el auto de Andy a Cincuenta Por Hora muy tranquilos calle España al 300, 400, con hermoso cigarro liado de marihuana que pasa de mano en mano. Detrás, María José, Luigi y el Guillo en el Fiat Vivace de la petisa tamales, con otro cigarrito.
Corte al interior del hall del Centro Cultural Bernardino Rivadavia (creo que así se llama), donde todos corremos muy de la cabeza por el porro y porque llegamos tarde, entramos cuando cerraban las cortinas.
Corte a mi cara de culo estoy ultramalubicado a mi lado a mi izquierda la mortadelita María Jesús Josefa que me comenta lo que pasa en el escenario cada treinta segundos. A mi derecha: Andy Gabriela Luigi Guillo ojos Soleverdes cómo puedo ser tan colgado, al Guillo lo mato si me la gana.
Corte a la actriz que hace de la mujer sentada que está sentada en una silla y pone una carota resacada y hace prrr! con la boca y dice: ¡Cómo mata el paso del tiempo! Es graciosa, muy. Me pone medio loquillo.
Corte al actor que está disfrazado de boa constrictor y dice, pregunta: ¿Y los humanos chiquitos, se pueden comer? Ja, muy bueno, si María Jamón se callase sería 9 puntos.
Corte a la mujer sentada que está sentada encima de la tumba de su marido y le refriega un ramo de flores en la cruz/lápida: ¡Olé, Rodolfo, olé! ¿Te gustan? ¡Se las robé al marido de la panadera, que está en la tumba de al lado!
Corte a la mujer sentada que ahora está parada y apenas con una luz naranja y canta La vie en rose.
Corte a primerísimo primer plano de tremendos ojos verdes que me miran después de bello beso y me dicen:
-Me tengo que ir, llamame -y con su casi metro ochenta perfecto para un taxi se sube se va se fue. No. ¿Me dio su número?
-Che, yo me voy con esta rubia a mi casa, así que chau -hace Andy. ¿Dónde estamos? Ah, Corrientes y San Juan, casi. Hay un monumento a Sarmiento, con algunas pintadas de aerosol y de pincel y de paloma diarreica.
-No, pará -lo ataja el Guillo, quien fuera abordado sin cuartel por Marijú, que, veo, ahora está apretando con Luigi. Se descontroló la berenjena, como decía mi abuelo, creo. Pero si yo no tuve abuelos; nací de un repollo nuclear, igual que mis viejos.
-Me tengo que ir, ¿qué pasa? -Andy le hace señas a la rubia de que se vaya al auto, cosa que ella hace, muy sumisa-. Mañana hablamos.
-No, sabés qué, esta mina está recaliente y con Luigi nos la llevamos a algún lado, pero estoy demasiado de cara como para soportarlo.
Andy me mira, sin entender. Yo, nevermind. Estoy desinflado. Out.
-¿Y?
-Y, Andy, te acepto un par de rayas, si tenés.
Andy lo mira, sonríe, saca un papel de aluminio de Marlboro 10 que envuelve una piedrita, y se lo da.
-Grande, Andy. Chau. Chau, Martino.
Ahora Andy me mira, sonríe.
-¿Vos precisás algo?
Sin dar un paso siquiera -estoy en el mismísimo cordón de la vereda- paro un taxi, abro la puerta, escupo al suelo, me subo, me voy, me fui.

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