viernes, 21 de agosto de 2009

6. Juegos


-Pasame el whisky, Martino.

-Ahí va.
Estamos tomando una botella de Vat 69 de 750ml., nada mal si se tiene en cuenta que somos cuatro, que ya tomamos tres cervezas de litro, y que nos fumamos el último caño que nos quedaba. Todavía no es medianoche, siquiera. El televisor de Andy muestra una porno de mala calidad, tanto por los tipos y las minas que se revuelcan mal y aburridos al borde de una pileta, sobre el césped (lo mejor del video), como por la baja definición de la imagen electrónica. El Guillo apaga el aparato infernal.
-Bue, qué hacemos -mastica Andy-. ¿Vos, Luigi, que querés hacer?
-No sé, qué sé yo... Creo que tenía que hacer algo, pero no me acuerdo.
-Juguemos a las cartas -propongo-. Al truco. Somos cuatro.
-Sí, dale -apoya el Guillo sin mucha convicción-. Yo las busco. No, mejor fijate vos dónde están, Andy.
-Uf -y Andy sale del living en busca del mazo.

Corte a 23:42 hs., Andy vuelve con las cartas y más hielo para el whisky y mezcla y reparte, jugamos Luigi y yo contra los otros dos, miro lo que me tocó, epa, estaré tan colgado: siete de espadas, cinco de espadas, ancho de bastos.
-¡Me acordé! -salta Luigi antes de que pueda coordinar alguna seña, antes siquiera de que levante mi vista para mirarlo-. ¡La tengo que llamar a Lorena!
-¿Eh? -no puedo creer en la infalibilidad de la Ley de Murphy.
-Bue, la mano se da de vuelta -dice Andy y tira sus cartas en el mazo.
-Sí, va de nuevo -se apresura el Guillo y mezcla las suyas.
-¡La puta madre, Luigi! ¿A esta hora vas a llamar a tu novia? ¡No seas tan pelotudo! -no llego a tapar mis excelentes barajas y Andy me las saca y se las muestra al Guillo y se me ríen en la cara, los muy idiotas.
-Hola, ¿estaría Lorena? -A Luigi le importa un carajo haber perdido una mano tan buena-. Ah, sos vos...
Unos chillidos como de hamster proceden del otro lado de la línea.
-Sí, ya sé que te tenía que llamar antes, pero... Sí, estoy con los chicos. Sí, pero... Ah, era hoy... Sí, sí, cómo no iba a acordarme.
-¿Y si traigo los dados? -pregunta Andy-. Aunque sea para después.
-Sí, no, pero sí, mi amor, yo también... Sí, no seas boluda, perdón, ¡no, no te lo dije mal! En serio, perdoname. Bueno, sí, bueno, eh... ¿Seguro que no querés que pase a buscarte?
-Qué colgado este Luigi -me dice el Guillo y se sirve un vaso grande, antisolidario para con nosotros de tan enorme que es-. Hoy a la tarde me había dicho que cumplía diez meses con la novia.
-Ah -digo, sin poder dejar de mirar el vaso del Guillo: lo comparo con el mío-. ¿Me alcanzás la botella?
-Bueno, Lore, pero... Sí, tenés razón, ya te lo dije, ¿qué más querés? Bueeeno... Sí, sí, chau, mañana te llamo, eh... Chau, un beso, ey, ¡me cortó!
-¿Y? -hace como que se interesa Andy.
-Están todas locas, pero ésta está re-loca, especialmente demente. (Suspira). Que se mate.

Corte a 00:51 hs. Terminamos el partido de truco y nos disponemos a jugar a la mosca, también con cartas, disciplina menos complicada pero más ágil.
-Puf, no nos queda más faso -Andy está desconsolado; dentro de un rato, según lo dicta la experiencia, su estado de ánimo virará sin pasos intermedios a la mala onda.
-¿No quedó una tuca en algún cenicero? -pretende animarnos el Guillo-. A ver, busquemos. Nada, nada, nada, ¡ah! ¡Acá hay algo!
Es una tuca chiquita, que podría servir para uno o a lo sumo dos de nosotros: bien mirada, siendo objetivo, llego a la conclusión de que es una verdadera MIERDITA. Sin inmutarse, el Guillo la enciende haciendo malabares. Mezclo las cartas, Andy corta, reparto cinco para cada uno y doy vuelta la última que me toca en suerte: un dos de oros. Bueno, esto va para largo.
-Tomá, Martino -el Guillo me pasa la tuca-. Paulista, ep, que no alcanza.
Y le doy una única seca, lo más profunda y discretamente que puedo para no enardecer ni a Andy ni a Luigi, y la paso. Es una suerte que tengamos la tuquera de madera: es mejor que usar papel metálico, porque deja feo gusto en la boca, y mucho mejor que usar la bombilla del mate, porque directamente te la podés tragar entera (la tuca, no la bombilla) y, lo que es peor, encendida. Hay que ser realmente imbécil para que eso pase pero, bueno, de un tiempo a esta parte somos varios los que llenamos los requisitos para recibirnos de Tarados Nacionales.
-¡AH-AJ-AHJ-COJ-COJ-COJ! -hace Andy.
-¡Qué retardado mental! ¡Se tragó la tuca! -se enfurece Luigi, el único que quedó sin recibir su puchito de Mary Jane.
-¿Cómo hizo? -pregunta el Guillo mientras mantiene el humo verde en sus pulmotores-. Hay que ser, ep, nabo.
-Ep, es que Andy, up, lo es -remato, feliz de tener una buena porción de angelitos revoloteando dentro mío.
Luigi, enojado, se sirve un vasote de Vat 69 y se lo manda de un trago; toma aire, se estabiliza, se recupera, vuelve a meter hielo y whisky hasta acabarlo.
-Ahora sí -dice, colorado, sacándose la remera-. Juguemos esa mosca.
Corte a 01:33 hs. Estamos todos hartos de las cartas. Andy trae los dados y el cubilete: tira un par de veces, sólo por gusto, o por disgusto. Luigi y el Guillo salen en busca de más cerveza y de algo para picar, papas fritas o algo así. Gracias a Buda por las estaciones de servicio. Hojeo una Playboy vieja, de mediados de los ochenta, ningún artículo, ninguna foto, nada me interesa. La dejo encima de televisor, voy al baño. Meo sin ganas, por obligación fisiológica, me mojo la cara, el pelo, me miro al espejo: no tengo sueño, ni tampoco parezco tener sueño. Vida de vampiros. Eso es bueno, pero no estamos en el fin de semana. Poca caza. Ah. Se me está pasando el cuelgue, ya ni creo en mis propios chistes. Media vuelta, eso, estoy de vuelta en el living, Andy que puso otra vez la porno. Puf.
-Puaj -hace Andy.
Vuelven los chicos con las cervezas y una bolsa de papas y otra de palitos.
-¡Qué sed, viejo! -se me escapa-. ¡Destapen eso ya!
-Mientras, vamos tirando unos dados -propone Luigi.
-Me voy a hacer un café -Andy se levanta para después preguntar, muy de compromiso-: ¿Alguien quiere?
-Yo quiero uno -digo, sólo para molestarlo. Me molesta que esté molesto; sé que se va a poner más y más denso con el paso de los minutos, pero tenemos varias cervezas por delante, y todavía no es hora de irse. A jugar dados, a la generala, al diez mil, a lo que mierda sea.
Corte a 02:24 hs. No more dados. No more beer. Ahora sí que la noche carece de sentido. El Guillo enciende su enésimo Marlboro, Luigi uno de sus Camels, Andy el último de los suyos.
-¿No querés hacerte otro café, Andy? -lo alienta Luigi, chupaculos como sólo él puede hacerlo cuando quiere.
-No, no quiero hacer nada. Vos ya sabés dónde está todo, así que andá y hacé lo que se te cante.
-Eh, bueno, qué carácter del orto que tenés.
No sabemos bien qué hacer, pero estamos seguros de no tener tanto sueño como para irnos y arriesgarnos cada uno por su cuenta a caer en las garras del insomnio. El insomnio es horrible.
-Tenemos que conseguir caño mañana mismo -Andy se concentra-. Quién... Ya sé. (Hacia nosotros, apremiante). ¿Tienen plata?
Dudo un instante; el Guillo, bonachón como un tío con su primer sobrino, se me adelanta:
-Sí, querido amigo, sí. Siempre hay para las cosas importantes.
-Bueno, es un alivio -dice Andy y parece realmente estar mejor-. ¿Jugamos un T.E.G. y nos vamos a dormir?
T.E.G.: Plan Táctico y Estratégico de la Guerra. Luigi vuelve con su taza de café. Desplegamos el mapa. Repartimos las fichas y las tarjetas de objetivos. Nos repartimos los países del planeta. El Guillo ataca con los ejércitos negros. China versus Kamchatka. Defiende Andy con los verdes. China comienza a conquistar Asia. Ataco con mis ejércitos, los blancos. Desde Nueva York busco invadir Terranova, Groenlandia, Canadá, todo junto. Pierdo. Luigi toma su café con dos cucharadas de azúcar. Se reagrupan las fichas, se cuentan los países, se planean nuevos ataques. Una cucaracha cruza corriendo debajo de la mesa. Alemania contra Italia. Egipto contra Sudán. Argentina contra todos. Un dado cae al piso. Rebota varias veces. Busco agua y hielo. Se enciende un cigarrillo. Se apagan dos cigarrillos. Se oye el gotear de la canilla de la cocina. Oceanía contra Asia. Europa contra América del Norte. Nadie quiere ir a poner música. El juego quiere terminarse. No se acaba. La Playboy de los ochenta en la mesa. Los ceniceros llenos. Humo. Un bostezo. Todos contra todos. Por el mundo. Otro bostezo. La guerra se suspende vencida por algo parecido al sueño. Es hora.
-Bue, chau, chicos -nos saluda Andy y cierra la puerta.
Corte a 03:58 hs. Por el Boulevard Rondeau pasa un auto, en silencio.

viernes, 14 de agosto de 2009

5. Psicodelia at that place


-¿Y ésto qué es?

-Faso.

-Ya sé que es faso, pero, eh, parece distinto.

-Es Punto Rojo colombiano.

-¿De verdad?

-Sí.

-¿Sí?

Corte a sudor en la piel la piel que se barniza de sudor, Cypress Hill, Cypress Hill, Cy-press-Hill!, el pie mi pie derecho trastabilla Luigi no para de moverse por el living casa casa de Andy Andy canta por el mic y salta y canta las venas de su cuello parecen ¿son? ¿parecen? estar listas para para explotar no-no-no-puedo-no puedo terminar de concentrarme ni tampoco liberarme del todo ¡Todo! corte a.

Andy que baila con el Guillo saltan quilombo qué quilombo ¡vamos afuera! propone Luigi ¿afuera, dónde? grita me grita uno, dos, tres, cuatro, dos, suficiente, suficiente sudor en la piel es que el día-noche el calor a pesar de la noche ni un alisio ni un nada es que ¿salir adónde? Luigi se inquieta no para de hablar gritar decir creo que dice:

-¡Vamos, che! ¡Afuera, afuera! ¡Vamos! -Luigi que empuja a Andy y al Guillo y se vuelve hacia mí rápido lento muy rápido-: ¡Martino, vos también! ¡Dejá de mirar y babear!

Alguien apaga luces salimos salimos refresca la cara la piel la Noche abraza y extraña, extrañas criaturas envueltas en gasa se deslizan y troncos de árboles y pasto y ladra algún perro nos quedamos todos nos quedamos atónitos es que silencio no hay, casi no hay ruidos todo quiere ser rápido basta de velocidad sonrisa al silencio de suburbio de Alberdi buen barrio pocas personas nadie asoma el hocico ah, ganas de alcohol frío puto alcohol lo que sea lo que sea buscamos un punto una referencia cansa el esfuerzo de concentración JAJAJAJA y basta y el Guillo dice:

-¡Para allá!

Y vamos caminamos fuerza Energía ENERGY that's what we need eso es lo que tenemos faso en la cabeza de la cabeza qué bueno sentir SABER que toda la mierda pasa a un segundo plano la que llaman realidad mejor no realidad ah un respiro un respiro, ah, mejor elevarse de este cúmulo de mierdas y bazofias y, y ahora pienso que hacemos una otra Realidad distinta y nueva y única para nosotros, una Realidad bella y de sentidos despiertos y dispersos a la vez, de claridad y profundidad y amplitud y también, claro, de confusión es que pienso nuestra hermosa dama Realidad se nos abre cuando la invocamos, y nos hace bien: enfrentemos nuestra Realidad a esa otra que se nos muestra todos los días al despertar, ¡puta!, la vida no tiene por qué ser así, decido escapar, eludir, y crear mi nuevo espacio-tiempo y ¡sí, enfrentarlo a lo que el pobre, malvado mundo ofrece!, o no, no, no enfrentamiento, no lucha, ¿lucha implica victoria?, ¿implica victoria y derrota?, entonces, entonces hay un vencedor un vencido un muerto la vida contra la vida y perder es posible PERDER ES POSIBLE y qué, Dios, qué nos quedaría entonces, necesito que sepamos, nosotros qué nos quedaría, nada, la muerte, vivir la muerte la agonía de todos los calendarios, ah, aire corte a.

-¡Volvamos! -grita el Guillo.

-Sí -acepta Luigi. Acota-: Tengo sed.

-Bue, vamos -dice Andy.

-Alcohol, lo que sea -creo que digo yo.

Corte a cervezas cervezas y una lata de Coca y papas fritas ah, comer, ah más el organismo que se reorganiza quiere trata debe ordenarse es que cansancio muscular músculos cansados cansados pero mi cerebro piensa TAN RÁPIDO que no puedo no puedo no puedo detenerlo mi personalidad no puede ni siquiera cuando mis otras personalidades se unen para ayudarla, mi mente ha sido disparada hacia la galaxia G-9 ahhh no regresa, no quiero regresar, el sentir que los brazos, la espalda, el cuello se relajan, los dolores se aquietan y pierden su importancia y su tangencia, las luces, la luz que se suaviza: la piel ya no suda, las venas laten un poco menos, el olor de un incienso que alguien acaba de encender (parece de lavanda), no hay música, mejor así, los soniditos de la noche profunda llenan los espacios, así, sin palabras, los poros abiertos al aire, los ojos cerrados para poder ver eso:

-Azul -me escucho susurrar apenas-. Claridad tenue al borde del precipicio... Tiene que ser una mujer la que llegue al borde del precipicio... Una india de ojos azules y piel de lava roja... Al borde... del... Precipicio.

Corte a Luigi que mira sus manos. Corte a Andy dibujando una de las paredes con tizas de muchos, muchos colores chillones. Corte al Guillo que hace una base rítmica centroamericana con la mesa de madera nueva, flamante, recién lustrada, los dedos se reflejan en la tabla, el ritmo que va, viene y lo impregna TODO, va, va, panea de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás y de arriba abajo y EN DIAGONALES de variable espesor espacial, el Guille sigue y sigue y él, a su vez, cierra los ojos y los abre y me mira me ve cierra los ojos los abre mira en cualquier dirección está perdido todos lo estamos lo estamos estamos algo dice:

-...otro armá otro eso eso no no prendas la televisión, tenemos que ver...

ZOOM violento hacia adelante la brasa roja delante mío debajo de la punta occidental de mi nariz ahhh el viento pulmonar quiero leer un diario mentalmente, sin la ayuda de los ojos, leer es bueno es imposible no desear leer es un, un buen ejercicio, saber leer todas las letras que hacen oraciones frases esbozos de pensamiento dejan caer a su vez las verdaderas letras y frases que en lo profundo hacen y crean y velan por ese pensamiento, nada más cierto, ah se repiten ridículos y setentistas círculos y formas irisadas en la pantalla de neo-cine que son mis párpados cerrados cerrados al impulso luminoso mis propios párpados generan generadores de energía despiden geometrías lumínicas celeste verde amarillo dorado verde celeste verde dorado amarillo plateado demasiadas imágenes en TAN POCO TIEMPO pienso la sed la cerveza pienso ¿hambre? no hambre pienso veo: Andy duerme Luigi mira el techo Guillermo come algo oscuro y crac, corte a.

Silencio total en la casa de Andy. Todos duermen, menos yo. Un reloj hace:

-Cú-cú.

Eso creo, no puedo asegurarlo.

jueves, 6 de agosto de 2009

4. Terminación ol


Por qué el día dura tanto, por qué tanta luz, por qué no estoy en mi casa, suerte que traje el walkman. ¡WAAAHHH! Ca-caminar por Peatonal Córdoba, es decir Paseo del Siglo, pleno centro de la city, marea de guachas lindas y viejas con plata y un par de mendigos tirados y un vendedor de artesanías de décima, el atardecer que no llega, pero bueno, es viernes, así que la alegría busca invadirme, con escaso resultado. Casi sin resultado. Se me acaban las pilas y de a poco dejo de escuchar a Beck, maldición. Luigi me toca el hombro, me dice algo.
-¿Qué? -sacándome los auriculares-. ¿Qué?
-Vamos a sentarnos en un banco.
-¿Acá, en la plaza?
-Sí. ¿Por? ¿Alguna mejor idea?
Y con un gesto que me recuerda a una azafata o algo parecido, me señala unos excelentes culos que pasan meneándose a lo perro de raza. Entiendo su mensaje: Andy ya se sentó y, lentes negros mediante, mira y mira y mira. Bueno, no tengo mejores ideas y además, estoy tan de la mente que todo me cae bien, excepto el que las pilas no sirvan más y me priven de Beck. No importa.
-Dame un pucho, Martino -pide Andy al tiempo que saca su teléfono celular-. Che, lo voy a llamar al Guillo a ver qué hace.
-No está en la casa. Lo llamaron del videoclub para hacer un reemplazo -Luigi no puede deshacer su sonrisa: es que a medida que cae la tarde son más las DIOSAS que depredan esta parte de Rosario. Las mejores mujeres del mundo: una razón de peso que ata a cualquiera que se proponga emigrar.
-Lo llamo al videoclub, entonces -Andy saca su miniagenda electrónica, busca, encuentra, la guarda, oprime botoncitos, habla, dice algo que no escucho, cierro con fuerza los párpados, busco mis anteojos de sol, me los pongo, no soporto la luz.
Ser un gigante de ochenta metros y pintar salvaje la ciudad. Desconecto mis oídos, semi-stand by: ponerse a un lado de los acontecimientos, bien. Los humanos que pululan por las veredas, los autos que babosean el pavimento, se me antojan, eh, asquerosos; como tantas otras veces, estando muy demente, me atrapa una intensa antipatía por el género antropomórfico, sin que por ello se esfume mi indolencia con respecto al resto del mundo. Caras, extremidades superiores e inferiores, inferiores cerebrales, ritmo de sangre dentro de sacos de piel y pelos, debajo de cabellos verdaderos o falsos, nevermind. Tap tap tap ritmo de sangre tap tap tap con mi pensamiento busco atacar a una mujer gorda y pintada y que lleva una minifalda, evidentemente no la trauma su enorme volumen ni su apariencia fea y gelatinosa tap tap tap lanzo un rayo infrasónico desintegrador quiero llegar a sus células no puedo atravesar semejante esperpento lo dejo. Ah, mente en blanco, qué paz. Mente en blanco, qué paz. Mente en blanco, vamos. ¡Vamos! Andy me golpea el hombro, dice:
-El Guillo sale dentro de cinco minutos y viene para acá.
"¿Para eso me interrumpiste?", pienso y ya no puedo volver a mi remanso de quietud y, mierda, ahora es Luigi el que me da una palmada y me habla.
-¿Si compramos una petaca de whisky, eh? ¿No tenés ganas de tomar unos tragos de Jack Daniel's?
-No lo puedo creer -murmuro, agarrándome la cabeza con las manos y tirándome del pelo.
-¿Qué, hay bourbon en petacas? -Andy parece interesado en la propuesta.
-Claro, hay de todo, en el formato que quieras. Para algo sirve que las importaciones estén abiertas. -Y Luigi remata, ya sacando su billetera y controlando su existencia-: El capitalismo tiene sus ventajas.
Luigi está decidido a tomar whisky a esta hora. Reflexiono, pienso, reflexiono.
-Alguno de estos días te explota el hígado y te salen los pedazos por la boca -digo.
-Ni ahí. El Jack Daniel's te limpia por dentro. Igual que el escocés y cualquier bebida destilada que sea de buena calidad. ¿Vos qué decís, Andy?
-Bueno, en realidad...
Luigi lo interrumpe:
-Y el buen vino tampoco hace nada. A lo sumo, si mezclás mucho y comés cosas pesadas, vomitarás... Pero después estás como nuevo.
-Claro, claro -digo, pienso en dejar el tema ahí, pero una de mis personalidades me impulsa a seguirla-. Estás en cualquiera. Total, cuando caés desmayado somos nosotros los que te levantamos y te llevamos a tu casa. Y por más que por ahora te la banques, de acá a, qué sé yo, un par de años, vas a reventar.
-¡Ni ahí! -A Luigi le importa un carajo lo que yo pueda opinar. Difícil organizar una discusión-. Está todo bien con el alcohol. Además (se encoge de hombros con suficiencia), a mí me gusta tomar y me gusta ponerme en pedo y ahora mismo me tomaría un Jack Daniel's y eso es precisamente...
Corte al Guillo que se acerca a pasos largos y arrítmicos -no sé qué pasa hoy con los compases-, Andy y Luigi se levantan y lo saludan y después él me saluda y parece que quieren convencerlo para que los acompañe a una estación de servicio o a un supermercado o a un minimarket que Luigi conoce y donde, dice, venden Wild Turkey, un bourbon descontroladamente fuerte.
-¿Vos también querés empezar a emborracharte desde temprano? -le pregunto al Guillo.
-No, emborracharme no. Pero quiero tomar algo, y ni siquiera estoy de la cabeza como ustedes. Unos tragos de whiskardo me van a venir bárbaros.
-Mirá -me encara Luigi un poco atravesado-, si no querés tomar, no tomes. Nosotros vamos a comprar una petaca.
-Y después nos fumamos otro caño mientras damos una vuelta con el auto -aporta Andy-. Y para la noche podemos comprar un par de champagnes, para festejar.
-¿Festejar qué? -pregunto sin entusiasmo. El efecto del porro está pasando de largo. Empiezo a tener hambre. Siempre tengo hambre. ¿No tendré parásitos, la lombriz solitaria, algo por el estilo?
-Que es un lindo día y que va a ser una linda noche -me contesta Luigi-. ¿Qué te pasa, Martino? A vos te pasa algo.
-Sí, claro que sí. Me rodean tres alcohólicos monstruosos que solo piensan en chupar como esponjas marinas para después transpirar como jabalíes con olor a metanol; ¿cómo puede ser que no tengan calor? Hay más de treinta grados, estoy seguro.
-El Jack Daniel's tiene cuarenta y dos grados, ¿no? Me parece que el Wild Turkey es más potente -suelta Andy.
-Entonces, compramos ese. ¿Y si pedimos unos vasos con hielo? -agrega el Guillo.
-¿Y si en vez de una petaca, ya que estamos, compramos una botella? -los anima Luigi.
-¿Una botella?
-¿Y cuánto cuesta?
-Veinte, veinticinco dólares. Pero si quieren compramos algún whisky más barato. Eso sí, importado.
-Eso sí, importado.
-No lo puedo creer...
-¿...vasos con hielo? No sé, no sé...
-Mirá esa rubia, ¡qué fuerte que está! Me da ganas de tomar vodka.
-...y compramos un gin y hacemos gin tonics...
-Me dan asco.
-¡Tequila, tequila!
-...dos litros de un Cabernet Sauvignon...
-...frío y con esas burbujas...
Barrido violento y corte al interior de algo que se autodenomina drugstore y el tipo joven y careta y bronceado y que seguro que toma anabólicos para después matarse en el gimnasio que me sonríe con dientes de curso acelerado de marketing y que me pregunta:
-¿Y vos? ¿Qué querés?
Odio esa confianza hipócrita que despide, pero hago un esfuerzo y respondo, tratando de no empastar las palabras:
-Cerveza. Heineken estaría bien.