miércoles, 31 de marzo de 2010

19. Bar del Mal


La televisión tiene estos raptos de maravilla, a veces. Habiendo agotado varias vueltas de zapping megatónico, el Guillo se detiene (gran lucidez a alta velocidad) en un canal venezolano, colombiano, que da un especial del Gran Sandro De América: ahora onda años sesenta, en blanco y negro, con increíble bola de pelo y saquito pre-mod, cantando un rock and roll muy a lo Bill Halley pero en plan Sid Vicious, o eso se me aparece ante mis retinas sobrecargadas, ultrabombardeadas, bardeadas a tiros de laser red green blue.
-Ouuuhhh... -hace el Guillo y smokea y ya la tuca ha fenecido-. Sandro es GRANDE.
-Es lo más, lo mejor -me escucho balbucear, muy bobo y muy convencido-. Pasame el control, eh.
-¿Para qué? Ni se te ocurra cambiar.
-No voy a cambiar. Quiero subir el volumen.
-Dejá que lo subo yo.
-Guillo, dame el fucking control.
-¿Por qué?
-Porque es mío.
-El faso también era mío, y lo fumamos entre los dos.
-Qué tipo... A vos te hace falta, no sé, medio litro de whisky.
-Ahí tenés razón, Martino, ¿ves?
-Dame el control.
-Ouuuhhh... Mirá esas minas, cómo lo idolatran, a Sandro. Le tiran... ¿Qué le tiran?
-La goma, le tiran, igual que vos.
-Eh, qué agresivo. -El Guillo se me antoja una babeante medusa de 85 litros apoltronada en mi sillón preferido-. Che, ¿no tenés un VHS virgen?
-¿Qué?
-Un video, para grabar esta parte que queda del programa. Dale, que ya nos vamos.
-No seas rompehuevos.
-Dale, Martino.
-A ver -me resigno-, por acá puede haber uno -es que cuando se pone en caprichoso, quién lo banca-, acá, tomá tu video de mierda y grabá y dejate de joder.
-Cómo funciona esta videocassettera... Ah, así, así. ¡Ya está!
-¿Contento, feliz?
-Ouuuhhh... Sandro es MUY grande, Martino.

Corte a calle con autos que pasan muy rápido, postes de luz con luces faroles electricidades, árboles sin hojas, casas buenas, árboles con hojas, Oroño a esta altura es un lindo lugar en el mundo. Pero caminar con este frío, sin alcoholito en las venas, es degradante. Caminamos, sin hablar. Se oyen nuestros pasos, apenas. Los autos han dejado de rodar, mejor. Dejamos la parte central del boulevard, cruzamos, doblamos una esquina, ahora veredas rotas, destripadas, con cintas de plástico que dicen "PELIGRO" y carteles que dicen "Disculpe las molestias. Estamos trabajando para USTED". Al pasar, el Guillo saca su encendedor y le da fuego a una de las cintas, que se prende, se quema y se corta. Pero todavía quedan muchas cintas. Seguimos caminando. Antes de llegar a la otra esquina, cruzamos otra vez. El frío, estando tan colgado, me cae bien, cosa rara en mí. Respiro hondo, ah, hasta el cansancio parece pasar, y desde la esquina llega una música todavía indefinida, pero que me motiva a seguir caminando.
-¿Otra inauguración? -me pregunta el Guillo en la más desinteresada.
-Ajá.
-Estos bares abren y cierran.
-Ajá.
-Es increíble, no se cansan del fracaso.
-Ajá, eso es cierto, Guillo.
-¿Tenés las invitaciones?
-No hacen falta. El dueño es hermano de Lorena.
-¿De quién?
-Lorena, la novia de Luigi.
-Martino, Luigi se peleó con Lorena ayer, o antes de ayer.
-No. ¿Se pelearon?
-No se pelearon. Dejaron de salir.
-Entramos igual.
El de la puerta, muy eufórico al ver que el lugar se está llenando de gente, casi ni nos hace historia y al mencionar que somos amigos del dueño nos manda un efusivo "Bárbaro, chicos, bienvenidos, que la pasen bien, entren, entren", realmente convencido en algún lado de su cerebro esponjoso de vaca loca de que tiene una posición de poder; dentro de media hora, cuando le pinte el bajón, o va a ponerse a tono al baño, o los que vayan llegando se van a topar con un ogro muy diferente a este adefesio híbrido de Sarah Kay con cajero de McDonald's.
Hay una mesa en la parte de adelante, desde donde podemos ver una buena porción de calle y por sobre todas las cosas estamos a un costado del espacio donde fluye, corre la marea de gente cuando este lugar se llena. Y hoy se va a llenar. Mañana, quién sabe.
-Mañana, quién sabe -digo.
-¿Euh? -muge el Guillo, mientras se sienta.
-Que vayamos pidiendo algo para tomar. Tengo frío, todavía.
-Sí, eso, sí, pidamos algo bien potente.
-Entonces, tequila.
-¡Qué genio! -El Guillo achica los ojitos y sonríe como el pelado de la cabeza de Geniol, años ha-. ¡Qué claridad de pensamiento, Martino!
-Gracias. Ahí va la moza, eh... ¡Mirá, es Lorena!
Lorena, ahora ex de un amigo, se acerca.
-Martino, Guillo, qué tal, cómo les va -hace la mina. Está bastante buena, si uno pone voluntad, no demasiada.
-Todo bien -convence el Guillo-. ¿Ayudando a tu hermano?
-Y, sí, qué puedo hacer. Es como de la familia. -Tiene sentido del humor, eso sí.
-¿Te podemos pedir algo para tomar?
-Para eso estoy, Guillo -hace una pausita, nos evalúa-. Che, chicos, están muy locos, o me parece a mí.
-Te parece a vos -la corto, qué se cree-. Pero si nos traés unos tequilas nos vamos a poner locos... De la cucuzza.
-Ok... Tequilas, dos... -empieza a memorizar.
-Cuatro tequilas en vasitos de toc toc, cuatro rodajas de limón, sal fina -preciso en voz alta.
-Entendido, capitán -se hace la chistosa, da media vuelta y va hasta la barra. El culo, si bien parece fuerte, está grande, más bien ancho. Ancho es la palabra justa. Bien por Luigi.
-Ahí llegan los chicos -avisa el Guillo. Andy y Luigi entran, hablan con un par de chicas que parecen conocer, o no, y se nos vienen. Antes de llegar a la mesa, Luigi ve a su ex, se detiene, se le acerca, se saludan con un beso, todo muy civilizado.
-Tanto tiempo -y Andy se sienta, mira alrededor nuestro, bufa.
-Sí, como tres horas sin vernos -el Guillo parece nervioso: ¿falta de energía?-. Che, ¿cómo se llama el bar, este bar, ahora?
-Bar del Mal -mastica Andy, saca un cigarrillo.
-¿Del Mal? -repito. Pienso, unos cronosegundos-. Ah, ja, muy bueno.
-¿Te parece? -rumia el Guillo.
-Hooola, qué tal -hace Luigi, se sienta, mira alrededor nuestro, bufa.
-Tequila para los chicos, vodka para Luis, limón, sal; ¿vos, Andy?
-Ah, hola, Lorena. ¿Qué whisky importado tienen?
-Hay una promoción de J&B a cinco pesos, por ser el primer día.
-Ugh, eso me gusta. Traeme uno doble, por favor.
Lorena se va, con el Guillo nos clavamos los primeros vasitos, el sabor es excelente.
-Bárbaro, esto -hace el Guillo-. Quiero más -y chupa la sal y se traga el mexicali y muerde el limón-. Ahhhh mierda quiero más, más tequila. Apurate con el tuyo, Martino, que si no.
-No jodas. Ahí viene Lorena, pedile.
-J&B doble, Andy.
-¿Me traés dos tequilas más?
-Cómo no.
-Yo también quiero dos más. -Acabo de matar mi segundo, y el cuerpo ha reaccionado notablemente bien; entonces, a seguir. El bar se está convirtiendo en un quilombo, pero nosotros, ya sabiendo cómo es la cosa en estas situaciones, quedamos en llegar temprano. Y lo logramos. No como otras veces. Estamos aprendiendo.
-A la mierda, esto está de diez -y Andy resopla y toma aire y gluc se baja medio vaso.
-Che, querido, contame bien lo del productor -Luigi le da duro y parejo al vodka solo, hielo.
-¿Qué productor? -interrumpe el Guillo, pero su atención se desvía al ver aterrizar nuestros nuevos tequilas.
-Vos, manager, deberías saberlo, ¿no? -silabea muy mala onda Andy-. Pero te llamo para que nos reunamos en un ensayo de la banda y te hacés el gil.
-No me hago el gil, estaba ocupado.
-¿Haciendo qué? -mala cosa, Andy se hace gárgaras con el escocés-; no, ya sé, no me digas, ya sé. Te estabas haciendo la paja a cuatro manos. Pajero.
-Puede ser, sí, de hecho me estaba haciendo la manuela por tercera vez, forro.
-Forro te tenés que poner hasta cuando te pajeás, a ver si te autocontagiás de sida, puto.
-Andate a la concha de tu madre, Andy -escupe el Guillo y zoc tercer tequila.
-Che, no se pongan agresivos -quiere tranquilizar Luigi-. Mejor no hablar de ciertas cosas, ¿eh, Andy?
-No, tiene razón el Guillo -el tequila me pone pipí-cucú-. La Paja, señores, así, con mayúsculas, er, berp -fiúúúú, respiro un poco-, la PAJA, masturbación, PajapajaPaja, eh... ¡Quiero decir! -todos me miran, ¿maravillados? ¿horrorizados?, cómo pega este tequila-; bien, ahí va: masturbarse es una de las formas de equilibrar la simbiosis cuerpo/mente -bebo mi whisky, no, tequila-. Ah. El alma, por lo general, queda fuera. Berkfp. He dicho.
Ahora que consigo estabilizar mis ojos, veo que ninguno de los cerdos de mis amigos me presta atención, y en cambio se dedican a jadear y regocijarse con la jauría de perras en celo en que se ha convertido el flamante Del Mal. Shit, mejor beber.
-Como te decía, Luigi, y vos, manager, prestame oídos -Andy agota su provisión de líquido elemento-. Bue. El pelotudo este, Tapia se llama, es el que nos llamó para grabar el disco, ¿sí? Ahora me sale con que está todo bien con la música, los temas le gustan, pero.
-Ajá -hago.
-Pero quiere sacar al Gordo y poner otro batero. -Andy mastica al aire, busca a alguien con la mirada, o eso me parece-. Dice que no da con la imagen de la banda. ¿Me siguen?
-No puede ser tan hijo de puta -perplejo, el Guillo.
-Sí puede ser. Es el que tiene el contacto, y no sé si también pone parte de la guita que hace falta para la difusión nacional, la publicidad, qué se yo.
-¿Pero qué quiere, ese tipo? -se indigna un poquito Luigi-. ¿Un modelo?
-Ringo Starr era bien feo -apunto.
-Y Charlie Watts es una momia, siempre fue una momia -aumenta el Guillo.
-Convengamos en que el Gordo es, eh, algo desagradable -concede Andy.
Ahora el lugar está hecho un infierno; no puede entrar más gente, y sin embargo, desafiando las leyes de la física, los cuerpos se amontonan y se amontonan y se apilan llenando todos los rinconetes posibles. Empieza a hacer calor.
-¿Entonces? -la sigo-. ¿Qué van a hacer? ¿Hablaron con el Gordo?
-No, todavía no -se ataja Andy. Está a la defensiva. Es algo bien nuevo, viniendo de quien viene-. Ya veré.
-Mándenlo a la mierda, al productor. Un baterista no se cambia así nomás -se enoja el Guillote-. Y el Gordo será horrendo a nivel imagen, pero siempre estuvo haciendo el aguante.
-Tiene razón -apoya Luigi.
-Sí, sí, es verdad -busco mortificar lo que queda de la conciencia de Andy.
-Ya veré, dije. La puta madre, quiero otro J&B.
Estoy mareado, pero mal. No importa, me meto el tequila hasta acabar con él, él conmigo, miro culos y tetas y caras y piernas, en ese desorden. Me ahogo. Me asfixio. Hace un calor, una humedad, las paredes y sus gotas de sudor, y a pesar de todo los imbéciles que llenan el bar se esfuerzan lo más que pueden en mantenerse en pose, en estar lindos y agradables y tratan de hacerse chistes y tratan de reírse de sus chistes, sin lograrlo del todo.
-Ah, bárbaro este tequila -cacarea el Guillo-. Pediría otro, pero a quién. ¿Y la moza, eh, y Lorena?
-No la veo, querido. Tomá mi vodka, yo no doy más. Preferiría fumar un caño.
Sí, por favor, y de paso nos vamos sin pagar.
-Sí, vamos a fumar -me desespero, tratando de no caer de mi silla.
-Paren un poco que queda poco faso, y hay que racionar -se defiende Andy-. Además, el bar está bueno, está lleno de guachas, está.
-Apesta -tiro.
-Podemos ir, en un rato -el Guillo-. Pero adónde.
-Adonde carajo sea -tiro.
-¿Y por qué te peleaste con Lorena? -cambia de tema el cantante futuro-expulsador-de-bateristas.
-No nos peleamos. Nada más no queríamos seguir saliendo.
-Ah, bue.
-Che, hagamos un porrito, demos una vuelta. -El Guillo, manager del orto de Mahoma, se interesa en rajar, por fin-. Aunque sí, este lugar está bárbaro.
-No, yo me voy -estoy reloco, mezclado y surcado por remolinos.
-¿Y si nos vamos unos días a Córdoba? -larga Luigi.
-Uh, puede ser, podría ser. La casa está libre.
-Yo tengo el auto, Guillo, así que juntamos unos mangos para la nafta y el asado y las drogas.
-Dale, Andy.
-Sí, querido, así nos despejamos un poco. Ojo del Águila, allá vamos.
-Eh, mírenlo a Martino.
-Uh, está de última.
-Parece que se durmió.
-Va a vomitar.
-¡No lo llevo al baño, canté primero!
-¡Yo tampoco!
-Uy, carajo, mejor saquémoslo de acá y vamos a fumar un fasolitus.
-Dale.
-Eso.
-Vamos.
-¿Ya pagaron?
-No, no paguemos un soto.
-Eso, que hoy inauguran.
-Le van a echar la culpa a Lorena.
-Que se joda, por boluda. Y ayúdenme con este tipo, que se nos muere, queridos.

martes, 16 de marzo de 2010

Sueños


Para experimentar, de preferencia, escuchando los temas "Didjerama" & "Didgital Vibrations" del disco "Travelling without moving" de Jamiroquai, en modo de repetición continua ad eternum.


Hace frío, afuera hace frío.

En cambio, ahora que miro bien, las ventanas de mi cocina están derritiendo la escarcha.

Flashback; en blanco y negro:
-Si todo lo que dijéramos fuera verdad, fuera cierto, Martino, ¿dónde estaríamos?
Y el Guillo ríe y se calza una gorra de béisbol y mira amanecer junto al río Paraná. El aire está helado. Entre mis manos, un mate. Chupo la bombilla.
-Todo es relativo. Eso es verdad. Y estamos en Argentina, Guillo.
Andy se ajusta sus guantes de esquí. Fuma como puede un cigarrillo. El cielo es azul y celeste y rosa pálido y lila y no parece haber nadie excepto nosotros, en la zona recién abierta por las topadoras y los bulldozers.
-Podríamos ir a Córdoba, sería muy bueno.
Luigi habla, creo yo, para entrar en calor. Destapa otra vez la ginebra Bols, lo mejor que pudimos conseguir de su bodega particular. La franja de tierra y árboles y pavimento y piedritas tendrá tres, cuatro kilómetros; una curva irregular que nace de un costado de avenida Wheelwright y se une al boulevard Avellaneda, o viceversa.
-Luigi, poné un poco de ginebra en el mate.
Digo.

La imagen subjetiva de mis manos y el mate y el porrón de ginebra, y amanece.
Voy hasta las ventanas y hago dibujitos con mis dedos, jeroglíficos de los que no sé ni el sentido ni el significado, y me gusta que sea así. Soplo, echo aliento al vidrio: el vapor se condensa. Afuera, tanto frío, mis plantas van a quemarse con los cristales de invierno.
En mi casa: nadie. Sobre la mesa de la cocina: una taza con pura leche caliente, un pedacito mínimo de hash, un chocolate suizo con almendras, un cigarrillo, una seda, una nota que dice: "Otra vez tuve que salir, ahora por una semana. Cuidá a tu hermana. En el banco te dejé $200. En el freezer hay kilos de asado. Tu Padre. P.D.: Llamó tu madre, desde Madrid."
Miro el reloj de pared, muy kitsch, que cuelga encima y detrás de la heladera: 20:25, marca.
Busco fósforos, enciendo, caliento un poco la bolita de hash, la dejo, primero desarmo el cigarrillo y vierto las hebritas de tabaco sobre la seda king size, vuelvo a calentar el caramelito, lo disgrego con mis pulgar e índice, ya está, enrollo lo mejor que puedo, paso la lengua, armo, doy forma, bebo un sorbo de leche, ah está buena, otro sorbito, cool.
Voy hasta el equipo de música que está en el living, CD de ambient noise, trip hop, enciendo una vela aromática, vuelvo a la cocina, bebo más leche, enciendo el porro. Fumo, voy hasta la heladera, la abro, miro dentro, la cierro, vuelvo a la mesa, parto un poco de chocolate, lo mastico sin ganas, lo dejo.
Vuelvo al living, llevando mi taza de leche ahora tibia -el frío estará colándose por algún lado- y mi porro. Me siento en el sofá. Fumo. Me saco las zapatillas. Aumento el calor de la estufa. Puedo sacarme el pullover de lana y lo hago y lo dejo a un costado, y me saco también el pantalón de corderoy, fumo. Voy hasta la pieza de mis viejos, que está en penumbras, no enciendo la luz, puedo encontrar las pantuflas del padre y me las calzo y salgo y vuelvo al living y fumo. Y termino mi leche. Y fumo, pero estoy cansado; apago el porro a medio empezar en un cenicero de cristal y me lo llevo a mi cuarto, lo guardo en una latita metálica de pastillas de mentol. Apenas si prendo el velador de la mesita de luz.
Me recuesto, tiro las pantuflas a un rincón y me tapo con sábanas y frazadas y cubrecama tejido. Mis ojos se cierran, lucho por abrirlos, la música que llega del living es sobrecogedora y baña, tiñe de negro y escarlata el empapelado que cede su crema pálido a la invasión, la música, la cadencia, los sonidos desde tan lejos, mis ojos, párpados, mis.
Un rayo surca como un rayo mi corteza cerebral, parte con la fuerza de un rayo se clava, incrustación dorada en la duramadre. No quiero dormir. Abro mis ojos. Se cierran, en el instante en que desde algún punto inexacto de la música brota una fina, terrible lluvia, terrible lluvia de arenas azules.
Esmihumo, me digo me pienso, peroahcaeRtanlívido, me resisto al sueño me levanto y giro en busca de la puerta, de una puerta. Abro y paso a una calle desierta, ojOsSangrediablos salen de las bocas de tormenta y puf desaparecen al entrar en contacto con los globos plásticos llenos de ozono que flotan esquizofrénicos por las vías férreas de Rosario, sé que es Rosario, pero no hay nada que la haga reconocible, giro y a mi alrededor, a mi alrededor nadie. Arriba: la tormenta que se estuvo gestando por años y décadas está a punto de desplomarse con peso de montañas sobre los edificios de frágil papel de aluminio, de madera balsa. Busco y a mi derecha, una puertita de metal con un cartel pintado a mano a mano que reza club social y deportivo, desde allí salen dos chicos que me parecen conocidos, me sonríen y hablan: "Yo soy Pancho, yo soy Capocha", frasean al mismo tiempo, también al unísono me informan: "Tenés que traer el asado", regresan por donde vinieron y cierran la puertita de latón descascarado descascarado. Giro y me enfrento con una chica muy bella demasiado bella demasiado hermosa rubia de largos cabellos lacios y mirada voltaica, me sonríe y me habla en un idioma que no comprendo, tal vez nórdico, gutural, me extiende una mano que se cierra en un puño y ahora me fijo en sus dientes, son blancos, blanco-hueso, detrás el cielo se expande, explota en un naranja que se autobombea en más naranja y encima de todo una Luna de Miedo y debajo de todo el horizonte de tantos edificios y sin líneas sin continuidad, la chica muy demasiado luminosa me mira me habla no puedo comprenderla su rostro se transforma en la máscara del ODIO, giro y camino, mis pasos mis pies me llevan, me teletransportan, me doy un golpe contra alguien, levanto la vista, es Luigi, que está pasando un fajo de billetes verde-dólar a un tipo con todo el aspecto de un policía, con el corte de pelo y los zapatos de un policía, pero vestido de bombero, con un mono rojo y lleno de bolsillos y un lanzallamas bajo el brazo izquierdo, con su mano derecha agarra los billetes y los guarda en un bolsillo y de otro bolsillo y con la misma mano saca una bolsa de merca, se la entrega a Luigi, mi amigo me mira y me habla: "Soy el Ratón", me sonríe, "Estoy esperando al Cuis", quiero girar pero vuelvo a golpearme con el Ratón y le tiro la bolsa el bombero se aleja por calle Paraguay veo el cartel que grita Paraguay y Bombero lanza un chorro vómito de fuego hacia el cielo de tormenta; "NO", dice el Ratón veo que la bolsa se ha abierto y que la coca se desparrama por el suelo, cebo granulado; empieza a garuar, saco un cigarrillo, me he puesto nervioso, fumo pero sabe a café quemado, saco otra vez el atado de cigarrillos Particulares y se me cae un paquete, otra bolsa de cocaine, entonces yo también, el Ratón se desespera, me mira con algo de temor con algo de ansiedad, como podemos las juntamos a las bolsas a los gránulos desperdigados, como podemos las juntamos y empezamos a jalar del mismo piso, de las baldosas flojas que exudan líquidos jabonosos, no nos importa nada, pasa gente, gente. Pasa cantidad de gente. Nadie mira de la masa de ojos camaleónicos. El Ratón jala, yo jalo, esnifo y guardo la merca que se pegotea al contacto de la ahora llovizna, ahora llovizna, guardo la pasta amarillenta en un tupper que además tiene bolas de matza y maíz. Corrientes esquina Paraguay. Un resplandor todo lo ciega, el relámpago que todo lo borra. Se hace tarde, se hace tarde. Pancho y Capocha estarán haciendo un fuego, si no les llevo carne se comerán las alimañas que viven en los sucuchos del club, sucuchos recovecos. Relámpagos. El Ratón que jala y llora o es la lluvia de gotas gordas y el viento que se lleva la blanca. Un camión pasa a nuestro lado y atropella a una vieja de cien años que llevaba su changuito, el conductor frena retrocede frena y saca la cabeza por la ventanilla y mira al despojo aplastado y GRAN carcajada y vuelve la jeta y nos me mira y es el Guillo, con una gorra de béisbol que dice Killer Instinct 7 con grandes dientes que me nos dice: "Soy el Cuis", nos me sonríe malito, "Pero no puedo salvarlos, tengo una fiesta", quiero buscar un apoyo un poste un auto un algo el camión arranca y se lleva al Cuis y a la vieja enroscada es una anaconda en el caño de escape que suelta gases venenosos. Relámpagos. Giro y la misma vieja de cien años con su changuito que me empuja, empuja al Ratón con tanta fuerza, le da una patada en el tobillo y el pobre Ratón cae de rodillas y gime un poco y se levanta y me dice: "Nos tenemos que ir", nos estamos por ir y aparece, en auto, un Ford Fairlane, el barrabrava mota de Newell´s, el más grandote de todos, no cabe en el Fairlane, saca medio cuerpo por la ventanilla y reconoce al Ratón y el mota tiene puesta la camiseta de San Lorenzo y le grita: "Botón, mal leproso, sos boleta", no me reconoce aún, me hago a un costado, el mota sube el auto de seis metros de largo a la vereda y nos corre y hay tantos otros autos y colectivos y motos y camiones por todas partes. El Ratón y yo nos separamos. Ahora el mota me sigue, me busca, escapo con media bolsa en el tupper, la otra mitad la salvó el Ratón, corro, corro, giro y el cuello parece que va a partírseme, una gigantesca casa rodante se interpone entre el perseguidor y yo perseguido, se asoma Andy en uniforme de piloto de combate, se saca la máscara de oxígeno, me guiña un ojo, me dice: "Soy el Hamster", me sonríe, "Es todo lo que puedo hacer", y me hace la venia y empuja al auto que tiene adelante, un Fiat Super Europa, hasta bloquear la bocacalle con su casacolectivorodante. Corro, corro, relámpagos. Cuadras y cuadras, y tanto tránsito detenido, sin que sus conductores dejen los volantes y se asomen a ver la tormenta. Corro cuadras y cuadras y giro y busco llego a casa, a mi casa, el corazón me late locamente y las venas hinchadas de mis sienes y de mi frente y mi transpiración y miro mi tupper, lo abro y en vez de la coca y la matza y el maíz veo, hay un reloj despertador con campanillas que marca las tres AM, tiene pintadas las letras "A" y "M", siempre es y será AM, o sólo es un reloj que funciona antes del meridiano. Entro en mi casa. Me encuentro con una nota en la mesa que dice: "Ya comimos. Nos gustó. Pancho y Capocha." Junto a la nota una foto boca abajo, la volteo, es la mujer rubia demasiado hermosa que me mira desde su cuerpo entero bajo la lluvia fina, y escrito en rouge o letras rojas, a la altura de su pecho, dice: "NADINE". Vuelvo a mirar, dice:"NADIE".
EntoncesNadieentonCesah despertar no es tan difícil, simplemente abro los ojos y aún antes de abrirlos ya estoy despierto. Estoy transpirando, claro. Salgo de la cama, me calzo las pantuflas, paso por el baño y busco una toalla y me seco el sudor y paso por el living y el equipo de música está encendido aunque el compact está en stop, acabado, oprimo power, paso por la cocina y pongo a calentar leche en el microondas, me seco el sudor, parto el chocolate sin comerlo, lo vuelvo a partir, me seco el sudor, pip!, abro el horno, saco la taza con leche tibia, me detengo un segundo a mirar el tenue vapor que despide, me seco el sudor, cierro los ojos y bebo, y respiro.