
Para experimentar, de preferencia, escuchando los temas "Didjerama" & "Didgital Vibrations" del disco "Travelling without moving" de Jamiroquai, en modo de repetición continua ad eternum.
Hace frío, afuera hace frío.
En cambio, ahora que miro bien, las ventanas de mi cocina están derritiendo la escarcha.
Flashback; en blanco y negro:
-Si todo lo que dijéramos fuera verdad, fuera cierto, Martino, ¿dónde estaríamos?
Y el Guillo ríe y se calza una gorra de béisbol y mira amanecer junto al río Paraná. El aire está helado. Entre mis manos, un mate. Chupo la bombilla.
-Todo es relativo. Eso es verdad. Y estamos en Argentina, Guillo.
Andy se ajusta sus guantes de esquí. Fuma como puede un cigarrillo. El cielo es azul y celeste y rosa pálido y lila y no parece haber nadie excepto nosotros, en la zona recién abierta por las topadoras y los bulldozers.
-Podríamos ir a Córdoba, sería muy bueno.
Luigi habla, creo yo, para entrar en calor. Destapa otra vez la ginebra Bols, lo mejor que pudimos conseguir de su bodega particular. La franja de tierra y árboles y pavimento y piedritas tendrá tres, cuatro kilómetros; una curva irregular que nace de un costado de avenida Wheelwright y se une al boulevard Avellaneda, o viceversa.
-Luigi, poné un poco de ginebra en el mate.
Digo.
La imagen subjetiva de mis manos y el mate y el porrón de ginebra, y amanece.
Voy hasta las ventanas y hago dibujitos con mis dedos, jeroglíficos de los que no sé ni el sentido ni el significado, y me gusta que sea así. Soplo, echo aliento al vidrio: el vapor se condensa. Afuera, tanto frío, mis plantas van a quemarse con los cristales de invierno.
En mi casa: nadie. Sobre la mesa de la cocina: una taza con pura leche caliente, un pedacito mínimo de hash, un chocolate suizo con almendras, un cigarrillo, una seda, una nota que dice: "Otra vez tuve que salir, ahora por una semana. Cuidá a tu hermana. En el banco te dejé $200. En el freezer hay kilos de asado. Tu Padre. P.D.: Llamó tu madre, desde Madrid."
Miro el reloj de pared, muy kitsch, que cuelga encima y detrás de la heladera: 20:25, marca.
Busco fósforos, enciendo, caliento un poco la bolita de hash, la dejo, primero desarmo el cigarrillo y vierto las hebritas de tabaco sobre la seda king size, vuelvo a calentar el caramelito, lo disgrego con mis pulgar e índice, ya está, enrollo lo mejor que puedo, paso la lengua, armo, doy forma, bebo un sorbo de leche, ah está buena, otro sorbito, cool.
Voy hasta el equipo de música que está en el living, CD de ambient noise, trip hop, enciendo una vela aromática, vuelvo a la cocina, bebo más leche, enciendo el porro. Fumo, voy hasta la heladera, la abro, miro dentro, la cierro, vuelvo a la mesa, parto un poco de chocolate, lo mastico sin ganas, lo dejo.
Vuelvo al living, llevando mi taza de leche ahora tibia -el frío estará colándose por algún lado- y mi porro. Me siento en el sofá. Fumo. Me saco las zapatillas. Aumento el calor de la estufa. Puedo sacarme el pullover de lana y lo hago y lo dejo a un costado, y me saco también el pantalón de corderoy, fumo. Voy hasta la pieza de mis viejos, que está en penumbras, no enciendo la luz, puedo encontrar las pantuflas del padre y me las calzo y salgo y vuelvo al living y fumo. Y termino mi leche. Y fumo, pero estoy cansado; apago el porro a medio empezar en un cenicero de cristal y me lo llevo a mi cuarto, lo guardo en una latita metálica de pastillas de mentol. Apenas si prendo el velador de la mesita de luz.
Me recuesto, tiro las pantuflas a un rincón y me tapo con sábanas y frazadas y cubrecama tejido. Mis ojos se cierran, lucho por abrirlos, la música que llega del living es sobrecogedora y baña, tiñe de negro y escarlata el empapelado que cede su crema pálido a la invasión, la música, la cadencia, los sonidos desde tan lejos, mis ojos, párpados, mis.
Un rayo surca como un rayo mi corteza cerebral, parte con la fuerza de un rayo se clava, incrustación dorada en la duramadre. No quiero dormir. Abro mis ojos. Se cierran, en el instante en que desde algún punto inexacto de la música brota una fina, terrible lluvia, terrible lluvia de arenas azules.
Esmihumo, me digo me pienso, peroahcaeRtanlívido, me resisto al sueño me levanto y giro en busca de la puerta, de una puerta. Abro y paso a una calle desierta, ojOsSangrediablos salen de las bocas de tormenta y puf desaparecen al entrar en contacto con los globos plásticos llenos de ozono que flotan esquizofrénicos por las vías férreas de Rosario, sé que es Rosario, pero no hay nada que la haga reconocible, giro y a mi alrededor, a mi alrededor nadie. Arriba: la tormenta que se estuvo gestando por años y décadas está a punto de desplomarse con peso de montañas sobre los edificios de frágil papel de aluminio, de madera balsa. Busco y a mi derecha, una puertita de metal con un cartel pintado a mano a mano que reza club social y deportivo, desde allí salen dos chicos que me parecen conocidos, me sonríen y hablan: "Yo soy Pancho, yo soy Capocha", frasean al mismo tiempo, también al unísono me informan: "Tenés que traer el asado", regresan por donde vinieron y cierran la puertita de latón descascarado descascarado. Giro y me enfrento con una chica muy bella demasiado bella demasiado hermosa rubia de largos cabellos lacios y mirada voltaica, me sonríe y me habla en un idioma que no comprendo, tal vez nórdico, gutural, me extiende una mano que se cierra en un puño y ahora me fijo en sus dientes, son blancos, blanco-hueso, detrás el cielo se expande, explota en un naranja que se autobombea en más naranja y encima de todo una Luna de Miedo y debajo de todo el horizonte de tantos edificios y sin líneas sin continuidad, la chica muy demasiado luminosa me mira me habla no puedo comprenderla su rostro se transforma en la máscara del ODIO, giro y camino, mis pasos mis pies me llevan, me teletransportan, me doy un golpe contra alguien, levanto la vista, es Luigi, que está pasando un fajo de billetes verde-dólar a un tipo con todo el aspecto de un policía, con el corte de pelo y los zapatos de un policía, pero vestido de bombero, con un mono rojo y lleno de bolsillos y un lanzallamas bajo el brazo izquierdo, con su mano derecha agarra los billetes y los guarda en un bolsillo y de otro bolsillo y con la misma mano saca una bolsa de merca, se la entrega a Luigi, mi amigo me mira y me habla: "Soy el Ratón", me sonríe, "Estoy esperando al Cuis", quiero girar pero vuelvo a golpearme con el Ratón y le tiro la bolsa el bombero se aleja por calle Paraguay veo el cartel que grita Paraguay y Bombero lanza un chorro vómito de fuego hacia el cielo de tormenta; "NO", dice el Ratón veo que la bolsa se ha abierto y que la coca se desparrama por el suelo, cebo granulado; empieza a garuar, saco un cigarrillo, me he puesto nervioso, fumo pero sabe a café quemado, saco otra vez el atado de cigarrillos Particulares y se me cae un paquete, otra bolsa de cocaine, entonces yo también, el Ratón se desespera, me mira con algo de temor con algo de ansiedad, como podemos las juntamos a las bolsas a los gránulos desperdigados, como podemos las juntamos y empezamos a jalar del mismo piso, de las baldosas flojas que exudan líquidos jabonosos, no nos importa nada, pasa gente, gente. Pasa cantidad de gente. Nadie mira de la masa de ojos camaleónicos. El Ratón jala, yo jalo, esnifo y guardo la merca que se pegotea al contacto de la ahora llovizna, ahora llovizna, guardo la pasta amarillenta en un tupper que además tiene bolas de matza y maíz. Corrientes esquina Paraguay. Un resplandor todo lo ciega, el relámpago que todo lo borra. Se hace tarde, se hace tarde. Pancho y Capocha estarán haciendo un fuego, si no les llevo carne se comerán las alimañas que viven en los sucuchos del club, sucuchos recovecos. Relámpagos. El Ratón que jala y llora o es la lluvia de gotas gordas y el viento que se lleva la blanca. Un camión pasa a nuestro lado y atropella a una vieja de cien años que llevaba su changuito, el conductor frena retrocede frena y saca la cabeza por la ventanilla y mira al despojo aplastado y GRAN carcajada y vuelve la jeta y nos me mira y es el Guillo, con una gorra de béisbol que dice Killer Instinct 7 con grandes dientes que me nos dice: "Soy el Cuis", nos me sonríe malito, "Pero no puedo salvarlos, tengo una fiesta", quiero buscar un apoyo un poste un auto un algo el camión arranca y se lleva al Cuis y a la vieja enroscada es una anaconda en el caño de escape que suelta gases venenosos. Relámpagos. Giro y la misma vieja de cien años con su changuito que me empuja, empuja al Ratón con tanta fuerza, le da una patada en el tobillo y el pobre Ratón cae de rodillas y gime un poco y se levanta y me dice: "Nos tenemos que ir", nos estamos por ir y aparece, en auto, un Ford Fairlane, el barrabrava mota de Newell´s, el más grandote de todos, no cabe en el Fairlane, saca medio cuerpo por la ventanilla y reconoce al Ratón y el mota tiene puesta la camiseta de San Lorenzo y le grita: "Botón, mal leproso, sos boleta", no me reconoce aún, me hago a un costado, el mota sube el auto de seis metros de largo a la vereda y nos corre y hay tantos otros autos y colectivos y motos y camiones por todas partes. El Ratón y yo nos separamos. Ahora el mota me sigue, me busca, escapo con media bolsa en el tupper, la otra mitad la salvó el Ratón, corro, corro, giro y el cuello parece que va a partírseme, una gigantesca casa rodante se interpone entre el perseguidor y yo perseguido, se asoma Andy en uniforme de piloto de combate, se saca la máscara de oxígeno, me guiña un ojo, me dice: "Soy el Hamster", me sonríe, "Es todo lo que puedo hacer", y me hace la venia y empuja al auto que tiene adelante, un Fiat Super Europa, hasta bloquear la bocacalle con su casacolectivorodante. Corro, corro, relámpagos. Cuadras y cuadras, y tanto tránsito detenido, sin que sus conductores dejen los volantes y se asomen a ver la tormenta. Corro cuadras y cuadras y giro y busco llego a casa, a mi casa, el corazón me late locamente y las venas hinchadas de mis sienes y de mi frente y mi transpiración y miro mi tupper, lo abro y en vez de la coca y la matza y el maíz veo, hay un reloj despertador con campanillas que marca las tres AM, tiene pintadas las letras "A" y "M", siempre es y será AM, o sólo es un reloj que funciona antes del meridiano. Entro en mi casa. Me encuentro con una nota en la mesa que dice: "Ya comimos. Nos gustó. Pancho y Capocha." Junto a la nota una foto boca abajo, la volteo, es la mujer rubia demasiado hermosa que me mira desde su cuerpo entero bajo la lluvia fina, y escrito en rouge o letras rojas, a la altura de su pecho, dice: "NADINE". Vuelvo a mirar, dice:"NADIE".
EntoncesNadieentonCesah despertar no es tan difícil, simplemente abro los ojos y aún antes de abrirlos ya estoy despierto. Estoy transpirando, claro. Salgo de la cama, me calzo las pantuflas, paso por el baño y busco una toalla y me seco el sudor y paso por el living y el equipo de música está encendido aunque el compact está en stop, acabado, oprimo power, paso por la cocina y pongo a calentar leche en el microondas, me seco el sudor, parto el chocolate sin comerlo, lo vuelvo a partir, me seco el sudor, pip!, abro el horno, saco la taza con leche tibia, me detengo un segundo a mirar el tenue vapor que despide, me seco el sudor, cierro los ojos y bebo, y respiro.

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