martes, 30 de junio de 2009

2. Bar del Mar



I'm having illusion, resuena Cypress Hill en el stereo superpotente del auto de Andy. El Fiat Tipo 1.6 se retuerce sobre sí mismo y salta un semáforo que se pretendía en rojo. Rojo, rojo no, no rojo, todas las luces están en verde. Mierda, la fuerza de gravedad nos aplasta un poco contra los asientos. El Fiat no sólo despide humo por el caño de escape: también hay un flor de caño encendido que ilumina el interior del auto el desdibujo cerebral el dibujo de la flor que veo hacerse y deshacerse en la ventanilla lateral hermoso dibujo hermosa flor ah.
-¡Bajá la ventana que me ahogo! -Luigi me pega desde atrás en la cabeza, seguro que celoso de que me haya apropiado del cómodo y panorámico asiento del acompañante.
Oprimo el botón electrónico. Jup, el vidrio baja lento, como debe ser. Corte a chirrido de neumáticos innecesario en una curva fácil. Andy disfruta reventando su autito.
-Nunca se pudo superar, creo, la secuencia de persecución de Bullit, con Steve McQueen -nos ilustra el Guillo.
-¿Ah, no? -Andy lo toma como un desafío hacia su persona fundida con los elementos mecánicos-. Vamos a ver. ¿No era Clint Eastwood?
El Fiat da un bandazo, mantiene el equilibrio de milagro -como siempre-, prosigue a una velocidad que se nos antoja a casi todos fantástica.
-¡Pará, pelotudo, pará que voy a vomitar! -se lamenta Luigi y hace que todos nos riamos y que le demos cachetaditas y puñetazos en el cráneo; hasta Andy se las arregla para alcanzarlo con un par de manos.
-¡Paren, banda de pelotudos! -Luigi intenta una defensa y.
Corte a freno freno freno marcha atrás el auto se estaciona con una sola, única maniobra. Bajamos todos, TODOS absolutamente de la cabeza. El aire nocturno nos revitaliza por completo y nos dirigimos sin demora a una esquina repleta de luces que brillan brillan, eh, música pero no en colores, en el Bar del Mar sigue sonando Cypress y eso nos alegra aún más y festejamos con palmadas y gritos y pateo una pelota de fútbol número cinco desinflada que no sé qué hace en la vereda y sigo a los chicos que tratan de entrar en el bar que está lleno de gente y chicas rubias de verdad y la mayoría de mentira con tatuajes de mentira y tal vez uno, dos de esos tatuajes sean de verdad, cómo saberlo, a los empujones y entre el SONIDO llegamos a una mesa que parece estar vacía, pero un bobo alto y grande con cara de estar del todo para adelante -cocaína de segunda, seguro, su cara de idiota estrábico lo denuncia- se nos adelanta y se apoya en una de las cuatro sillas de madera pintada de azul, queriendo hacernos ver que va a ocuparlas.
-¿Qué? -pregunta el Guillo, con esa onda que muy de vez en cuando lo caracteriza y que consiste en ser asquerosamente amable al tiempo que te mira muy fijo y muy feo-. ¿Te vas a sentar vos solo en todos lados?
-Eh -duda el imbécil alto y grande. Es que el Guillo no es tan alto como él pero es más grandote-. Sí.
-No -aclara el Guillo. Todos nos sentamos en el lapso en que un hilillo de saliva tarda en caer de la boca del idiota y es reabsorbido por sus labios secotes-. Chau.
El bobo se va y es reemplazado por una moza que está bastante buena aunque debería hacer algo con las carnes de los costados de su culo que pugnan por reventar su lindo jean Nasa; de todos modos, la mina zafa bastante bien.
-¿Qué quieren, chicos?
-Drogas y tu culo, pero un veinte por ciento más chico -me susurra Andy al oído. AH JA JA JA la carcajada no va a parar hasta que la minita se vaya.
-¿Cuánto tenemos? -pregunta el Guillo-. En dólares.
-Sí, en dólares. Odio el signo pesos. -Y Andy mira a la moza hasta que logra hacer que sus ojos adopten el poder de los rayos X y, claro, se dispone a deleitarse con su piel al parecer bastante en forma-. Me hace acordar que estamos en el puto Tercer Mundo.
-Yo tengo diez, doce -informa Luigi.
-¿Vos, Martín? -me apunta el Guillo.
-AH JA JA JA -respondo.
-Dios mío. ¿Vos, Andy?
-Veinte dólares.
-Ah, qué bien, eh -el Guillo se alegra y vuelve a preguntarme-: ¿Y vos, Martino?
-¡AH-AH-JAJAJAJAAA! -mientras le doy golpazos a la mesa con la mano abierta.
-Bueno, traenos una, no, dos botellotas de Quilmes y -consulta con la mirada roja-roja-roja, nadie lo asesora -, bueno, un whisky doble, ¿qué whisky tenés?, no, mejor dos vasos de, ¿qué?, sí, J&B, después seguimos con los nacionales.
La moza se va, esquivando una lamida de Luigi dirigida a su nalga izquierda. La música que sale de los parlantes que cuelgan de las paredes altas se hace más fuerte y más densa y me dan ganas de bailar, claro, es Jamiroquai, pero Luigi se apresura a reprimirme haciendo una mueca que mezcla su locura con un poco, un poquito de demencia senil.
Corte a la moza que trae las cervezas y los whiskies y un plato de papas fritas y un ticket y que nos pregunta:
-¿Les puedo cobrar, chicos?
Corte a tres mujeres que parecen modelos de lo buenas que están y que no superan los dieciocho, diecinueve años y que bailan con tan poca gracia y que se hacen las sexies y, mierda, no les sale para nada bien pero están tan lindas y de seguro calientes dentro de sus pantalones oxford pseudosetentistas de no sé qué tela que se les adhiere al cuerpo y que, bueno. Un trago de cerveza helada un trago de whisky y es J&B no como la otra vez que nos quisieron enchufar un asqueroso, no sé, Black Jack, telas anaranjadas caen del techo y al darles la luz dicroica reverberan en tonos semicálidos, buen ambiente para unas fotografías, lástima que no traje mi cámara Canon con zoom hasta 110mm, a la tarde le había cargado un rollo blanco y negro Ilford XP2 de 400 asas, pero tampoco estoy de ánimo como para sacar fotos y sin embargo encuadro y fotografío con mi retina cada movimiento que me parece digno de ser retratado para la posteridad, y es que hay cuerpos que lo merecerían, sí.
-Qué buena que está esa putilla -apunta Andy con su mirada a una morocha infernal que menea su infernal cuerpo y sus trenzas estilo, eh, apache, y que está de espaldas a nosotros y que sin motivo aparente se da vuelta y clava sus ojos (¿rojos?) es que veo todo a través de un filtro ROJO y la morocha que no deja de mirar a Andy hasta que éste le sonríe y ella le devuelve la sonrisa pero sin embargo vuelve a girar y nos da la espalda y su culo debajo de una microminifalda plateada-. Muy fuerte. -Y Andy se reconcentra en su escocés.
Corte al interior del baño de varones hay un par de locos esperando para mear y es entonces que de dentro del toilette individual sale el grandote alto de antes limpiándose la nariz con un pañuelo verde, horrible, y aprieta las mandíbulas con fuerza y me mira y, después de reconocerme, me dice:
-¡Tu amigo se hace el malo, eh!
Le devuelvo la mirada en cámara lenta y el tipo se estira para hacerse todavía más alto y repite:
-¡Tu amigo se hace el malo!
Y en movimiento ahora normal se sonríe muy seguro de sí mismo y se pone en posición de darme un empujón con todas sus fuerzas, que no deben ser pocas -sobre todo en el estado en que está-, y se me echa encima y a pesar de lo colgado que estoy me vuelven a la memoria los tres años de judo que hice hace tanto tiempo y simplemente doy un paso al costado y el tipo sigue de largo y resbala en un charco de agua y vómito y cae como un lechón enfermo y se da la frente contra la pileta de mármol CRAC ¡AH! hace y rebota y su peso abre la puerta del baño y termina de caer afuera, entre un grupo formado por una gorda fea, una gorda linda y una diosa de pelo amarillo, y se da de cara EL MUY IMBÉCIL con el, ay, durísimo suelo. Arrebatado por una súbita lucidez suprema, salgo a los apurones y simulo tropezar con el grandote y le piso la espalda con mis zapatillas embebidas en meo y vómitos del baño y no contento con eso y recordando una película de Buster Keaton que el otro día me hiciera ver Guillermo lo imito lo mejor que puedo y debo decir que me sale bien porque le aplasto la cabezota llena de pelos rubios teñidos transpirados de nuevo contra el piso y JAJAJA salto de vuelta a la masa de gente o personas que no nos prestan mucha atención, los chicos me miran desde unas mesas más allá y Luigi es el primero en reírse. Corte a:
-Rajemos de acá -dice Andy-. Voy a armar una chala de aquéllas.

3 comentarios:

  1. Realidad o ficcion? Me puedo imaginar la escena mientras leo. Me gusta.

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  2. Excelente relato para leer rápido, casi sin pensar, para disfrutar mucho más ese vertiginoso fluir de la noche donde no pasa nada en una ciudad medio muerta, a la hora en donde salen los empleados de correo postal, cuando todavía la tinta está fresca en los periódicos recién impresos, y los panaderos amasan el pan y los verduleros van camino hacia el mercado, borrachos.

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