
-Pasame el whisky, Martino.
-Ahí va.
Estamos tomando una botella de Vat 69 de 750ml., nada mal si se tiene en cuenta que somos cuatro, que ya tomamos tres cervezas de litro, y que nos fumamos el último caño que nos quedaba. Todavía no es medianoche, siquiera. El televisor de Andy muestra una porno de mala calidad, tanto por los tipos y las minas que se revuelcan mal y aburridos al borde de una pileta, sobre el césped (lo mejor del video), como por la baja definición de la imagen electrónica. El Guillo apaga el aparato infernal.
-Bue, qué hacemos -mastica Andy-. ¿Vos, Luigi, que querés hacer?
-No sé, qué sé yo... Creo que tenía que hacer algo, pero no me acuerdo.
-Juguemos a las cartas -propongo-. Al truco. Somos cuatro.
-Sí, dale -apoya el Guillo sin mucha convicción-. Yo las busco. No, mejor fijate vos dónde están, Andy.
-Uf -y Andy sale del living en busca del mazo.
Corte a 23:42 hs., Andy vuelve con las cartas y más hielo para el whisky y mezcla y reparte, jugamos Luigi y yo contra los otros dos, miro lo que me tocó, epa, estaré tan colgado: siete de espadas, cinco de espadas, ancho de bastos.
-¡Me acordé! -salta Luigi antes de que pueda coordinar alguna seña, antes siquiera de que levante mi vista para mirarlo-. ¡La tengo que llamar a Lorena!
-¿Eh? -no puedo creer en la infalibilidad de la Ley de Murphy.
-Bue, la mano se da de vuelta -dice Andy y tira sus cartas en el mazo.
-Sí, va de nuevo -se apresura el Guillo y mezcla las suyas.
-¡La puta madre, Luigi! ¿A esta hora vas a llamar a tu novia? ¡No seas tan pelotudo! -no llego a tapar mis excelentes barajas y Andy me las saca y se las muestra al Guillo y se me ríen en la cara, los muy idiotas.
-Hola, ¿estaría Lorena? -A Luigi le importa un carajo haber perdido una mano tan buena-. Ah, sos vos...
Unos chillidos como de hamster proceden del otro lado de la línea.
-Sí, ya sé que te tenía que llamar antes, pero... Sí, estoy con los chicos. Sí, pero... Ah, era hoy... Sí, sí, cómo no iba a acordarme.
-¿Y si traigo los dados? -pregunta Andy-. Aunque sea para después.
-Sí, no, pero sí, mi amor, yo también... Sí, no seas boluda, perdón, ¡no, no te lo dije mal! En serio, perdoname. Bueno, sí, bueno, eh... ¿Seguro que no querés que pase a buscarte?
-Qué colgado este Luigi -me dice el Guillo y se sirve un vaso grande, antisolidario para con nosotros de tan enorme que es-. Hoy a la tarde me había dicho que cumplía diez meses con la novia.
-Ah -digo, sin poder dejar de mirar el vaso del Guillo: lo comparo con el mío-. ¿Me alcanzás la botella?
-Bueno, Lore, pero... Sí, tenés razón, ya te lo dije, ¿qué más querés? Bueeeno... Sí, sí, chau, mañana te llamo, eh... Chau, un beso, ey, ¡me cortó!
-¿Y? -hace como que se interesa Andy.
-Están todas locas, pero ésta está re-loca, especialmente demente. (Suspira). Que se mate.
Corte a 00:51 hs. Terminamos el partido de truco y nos disponemos a jugar a la mosca, también con cartas, disciplina menos complicada pero más ágil.
-Puf, no nos queda más faso -Andy está desconsolado; dentro de un rato, según lo dicta la experiencia, su estado de ánimo virará sin pasos intermedios a la mala onda.
-¿No quedó una tuca en algún cenicero? -pretende animarnos el Guillo-. A ver, busquemos. Nada, nada, nada, ¡ah! ¡Acá hay algo!
Es una tuca chiquita, que podría servir para uno o a lo sumo dos de nosotros: bien mirada, siendo objetivo, llego a la conclusión de que es una verdadera MIERDITA. Sin inmutarse, el Guillo la enciende haciendo malabares. Mezclo las cartas, Andy corta, reparto cinco para cada uno y doy vuelta la última que me toca en suerte: un dos de oros. Bueno, esto va para largo.
-Tomá, Martino -el Guillo me pasa la tuca-. Paulista, ep, que no alcanza.
Y le doy una única seca, lo más profunda y discretamente que puedo para no enardecer ni a Andy ni a Luigi, y la paso. Es una suerte que tengamos la tuquera de madera: es mejor que usar papel metálico, porque deja feo gusto en la boca, y mucho mejor que usar la bombilla del mate, porque directamente te la podés tragar entera (la tuca, no la bombilla) y, lo que es peor, encendida. Hay que ser realmente imbécil para que eso pase pero, bueno, de un tiempo a esta parte somos varios los que llenamos los requisitos para recibirnos de Tarados Nacionales.
-¡AH-AJ-AHJ-COJ-COJ-COJ! -hace Andy.
-¡Qué retardado mental! ¡Se tragó la tuca! -se enfurece Luigi, el único que quedó sin recibir su puchito de Mary Jane.
-¿Cómo hizo? -pregunta el Guillo mientras mantiene el humo verde en sus pulmotores-. Hay que ser, ep, nabo.
-Ep, es que Andy, up, lo es -remato, feliz de tener una buena porción de angelitos revoloteando dentro mío.
Luigi, enojado, se sirve un vasote de Vat 69 y se lo manda de un trago; toma aire, se estabiliza, se recupera, vuelve a meter hielo y whisky hasta acabarlo.
-Ahora sí -dice, colorado, sacándose la remera-. Juguemos esa mosca.
Corte a 01:33 hs. Estamos todos hartos de las cartas. Andy trae los dados y el cubilete: tira un par de veces, sólo por gusto, o por disgusto. Luigi y el Guillo salen en busca de más cerveza y de algo para picar, papas fritas o algo así. Gracias a Buda por las estaciones de servicio. Hojeo una Playboy vieja, de mediados de los ochenta, ningún artículo, ninguna foto, nada me interesa. La dejo encima de televisor, voy al baño. Meo sin ganas, por obligación fisiológica, me mojo la cara, el pelo, me miro al espejo: no tengo sueño, ni tampoco parezco tener sueño. Vida de vampiros. Eso es bueno, pero no estamos en el fin de semana. Poca caza. Ah. Se me está pasando el cuelgue, ya ni creo en mis propios chistes. Media vuelta, eso, estoy de vuelta en el living, Andy que puso otra vez la porno. Puf.
-Puaj -hace Andy.
Vuelven los chicos con las cervezas y una bolsa de papas y otra de palitos.
-¡Qué sed, viejo! -se me escapa-. ¡Destapen eso ya!
-Mientras, vamos tirando unos dados -propone Luigi.
-Me voy a hacer un café -Andy se levanta para después preguntar, muy de compromiso-: ¿Alguien quiere?
-Yo quiero uno -digo, sólo para molestarlo. Me molesta que esté molesto; sé que se va a poner más y más denso con el paso de los minutos, pero tenemos varias cervezas por delante, y todavía no es hora de irse. A jugar dados, a la generala, al diez mil, a lo que mierda sea.
Corte a 02:24 hs. No more dados. No more beer. Ahora sí que la noche carece de sentido. El Guillo enciende su enésimo Marlboro, Luigi uno de sus Camels, Andy el último de los suyos.
-¿No querés hacerte otro café, Andy? -lo alienta Luigi, chupaculos como sólo él puede hacerlo cuando quiere.
-No, no quiero hacer nada. Vos ya sabés dónde está todo, así que andá y hacé lo que se te cante.
-Eh, bueno, qué carácter del orto que tenés.
No sabemos bien qué hacer, pero estamos seguros de no tener tanto sueño como para irnos y arriesgarnos cada uno por su cuenta a caer en las garras del insomnio. El insomnio es horrible.
-Tenemos que conseguir caño mañana mismo -Andy se concentra-. Quién... Ya sé. (Hacia nosotros, apremiante). ¿Tienen plata?
Dudo un instante; el Guillo, bonachón como un tío con su primer sobrino, se me adelanta:
-Sí, querido amigo, sí. Siempre hay para las cosas importantes.
-Bueno, es un alivio -dice Andy y parece realmente estar mejor-. ¿Jugamos un T.E.G. y nos vamos a dormir?
T.E.G.: Plan Táctico y Estratégico de la Guerra. Luigi vuelve con su taza de café. Desplegamos el mapa. Repartimos las fichas y las tarjetas de objetivos. Nos repartimos los países del planeta. El Guillo ataca con los ejércitos negros. China versus Kamchatka. Defiende Andy con los verdes. China comienza a conquistar Asia. Ataco con mis ejércitos, los blancos. Desde Nueva York busco invadir Terranova, Groenlandia, Canadá, todo junto. Pierdo. Luigi toma su café con dos cucharadas de azúcar. Se reagrupan las fichas, se cuentan los países, se planean nuevos ataques. Una cucaracha cruza corriendo debajo de la mesa. Alemania contra Italia. Egipto contra Sudán. Argentina contra todos. Un dado cae al piso. Rebota varias veces. Busco agua y hielo. Se enciende un cigarrillo. Se apagan dos cigarrillos. Se oye el gotear de la canilla de la cocina. Oceanía contra Asia. Europa contra América del Norte. Nadie quiere ir a poner música. El juego quiere terminarse. No se acaba. La Playboy de los ochenta en la mesa. Los ceniceros llenos. Humo. Un bostezo. Todos contra todos. Por el mundo. Otro bostezo. La guerra se suspende vencida por algo parecido al sueño. Es hora.
-Bue, chau, chicos -nos saluda Andy y cierra la puerta.
Corte a 03:58 hs. Por el Boulevard Rondeau pasa un auto, en silencio.

Alguna vez creo haber vivido algo parecido, jugando al Black Jack, con Nacho y Quadri...
ResponderEliminargenial la historia, che. Aguardo la continuación. Felicitaciones
ResponderEliminargracias, nicolas ;-)
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