jueves, 14 de enero de 2010

16. Líneas como vidas que se cruzan en el cosmos


¿Qué día será hoy? Miro el despertador/radio: 16:47.
¿Qué día será hoy? Miro el despertador/radio: 16:48.
-¿Qué día será, hoy? -me pregunto, alta voz, sin salir de la cama.
Abro el cajón de la mesita de luz, busco, manoteo. Encuentro el porrito, un fino, bien. Ahora puedo ir al baño, lavarme cara, manos, sobacos, espalda; después podré fumar un poquito, desayunar: café con leche, tostadas de pan lactal con mermelada de durazno, un poquito de manteca, escuchar algo de jazz -Miles Davis, ojalá- en esa FM que hallé casi al azar, harto de oír siempre los mismos programas hechos por tipos que se creen muy vivos y que se ríen de sus propios abortos de chistes y que se me antojan patéticos, pseudolocutores que lanzan, con énfasis: "Uh, Oasis es la mejor banda de rock del momento" y gansadas por el estilo. Ahora mismo salgo de la cama, sí. Ahí va.

-Oh, Guillo, cómo va -hago.
-Bien, che, todo bien -me responde-. ¿Tenemos plata, hoy?
-Hoy sí. Mañana, no sé.
-Bueno, acompañame al garaje, que mi viejo me aguantó el auto.
-Buenísimo. -Caminamos en la noche-. Vamos. -Vamos nosotros, todavía.

Andy frena su 1.6 en Sarmiento entre Santa Fe y San Lorenzo, toca tres bocinazos. De un bar sale Luigi, saluda a un grupo que está tomando porrones en una mesa al lado del ventanal que da a la calle. En los vidrios hay carteles que dicen "Porrón 3 Pesos"; "2 porroncitos 4 Pesos"; "Hamburguesa Común 1 Peso". Los carteles están escritos con fibras de colores sobre cartulinas de colores. Luigi cruza los tres metros y pico de pavimento, o menos, da la vuelta al y se mete en el auto.
-Andy, querido.
-Cómo va, Luigi.
-¿Tenés algo armado?
-Me extraña.
-Ídolo.
Arrancan, doblan por Santa Fe, detrás de un colectivo de la 119 y delante de otro de la 148.

El R11 Turbo azul eléctrico frena a unos veinte pasos de la puerta de un bar que se llama The Boston.
-Terminá de pitar eso -me dice el Guillo, él mismo recolgado.
-Up, ya voy, uppp. -Cierro los ojos, los abro, los cierro-. ¿Querés una seca más?
-Eh, es un bardo.
-Dale, Guillo, matalo y bajemos. Y dame un Marlboro.
-No conseguí, tengo Camel. Dame, a ver. -Reposiciona lo poco que queda en la tuquera de papel de aluminio, le da fuego, la tuca se ha consumido-. Tomá los puchos, ep, agh. Va a quedar un olor a porro, acá.
-Prendé el aire acondicionado.
-Estás loco, nos vamos a congelar.
-Entonces, mejor bajemos.
-Sí.

-Ah, qué buen caño.
-¿Queda algo?
-Chup (smoke smoke), ep, casi nada.
-Tiralo, entonces, que ya llegamos.
-¿Te parece, querido?
-Dale, Luigi, que para después tengo algo much better.
-Si vos lo decís, Andy.
El Fiat estaciona, deja de oírse la música de The Who -Summertime Blues-, Andy saca el frente del pasacassette, salen, tui tut hace la alarma del auto al activarse, encienden cigarrillos, están por entrar al The Boston, dos grandotes los paran en la puerta.
-Perdón, chicos, tienen invitación... ¡Eh, Andy! -hace uno-. No te había reconocido, pasá, pasen.
-¿No sabés si entraron el Guillo y Martino?
-No, recién me mandaron a la puerta.
-Bue.

-Ahí están, los chicos -parece que me dice el Guillo, con voz de catedral y gran delay, el vodka me está partiendo el cráneo, este faso me deses-reestructura las coordenadas neuronales, arghARGH! este lugar está LLENO muchas chicas muchos tipos viene un flaco me dice Qué hacés te acordás de mí vos sos fotógrafo ¿no? le contesto algo el flaco se ríe está más loco que yo se va, ah, el animal del Guillo se termina su vodka.
-Qué suerte que hay vodka importado. -Y se pone a mirar unas mujeres hermosas y muy perras que están en la mesa de al lado, son tres o cuatro y parecen muy excitadas por algo o tal vez por nada, qué más da. Me concentro lo más que puedo en mi vodka con hielo dos gotas de limón un golpe de tónica pero 99% vodka checo sueco, seco. Danés.
-Chicos -hace Andy.
-Queridos -hace Luigi-. ¿Qué tomás, Martino? -Me saca el vaso y le da tremendo glub.
Se sientan, creo, la música lo impregna todo me moja me sacude hay tanto humo en este lugar tanta caza la onda promete me río de algo no recuerdo de qué pero me río y enseguida todos se contagian y se ríen nos reímos y hasta las minas de la mesa de al lado se ríen una lo saluda a Andy, qué grande Andy, líder de la banda de rocanrol, Andy y Luigi se ponen a hablar con las ninfas, cae un humanoide, qué quiere.
-Cómo les va, a los chicos -saluda al voleo. Ah, el dueño, Chupete, ¿Chupete?
-Bien, che, bien, qué hacés, lindo todo muy lindo berk -lo saludamos.
-¿Les gusta el bar?
Cierto, hoy inaugura, o reinaugura. Le decimos que sí, que todo muy bien, nos pregunta muy atento si vamos a venir siempre, es Andy el que dice que claro que sí, más ahora que la banda está por grabar y sacar un disco a nivel nacional, Chupete se admira, parece pensar, sonríe, nos.
-¿Los puedo invitar con unas pizzas y algo para tomar?
Milagro, que alguien te invite algo en Rosario. Realmente poco usual. El nuevo homo comercialis ha arribado a estas pampas.
-Sí, claro -dice Andy-. Gracias. -Y hasta le sonríe.
Corte a dos mesas que se unen para que todos podamos estar más cómodos, ya que se armó la charla. Las cuatro bellas perras se nos unen y se nos mezclan se presentan: natianaflorenciamariela, ah, qué interesante. Estoy muy de la cabeza y en realidad tengo unas ganas terribles de salir de acá y respirar un poco de aire fresco y de ver aire azul y árboles rojos veteados de verde prusia y de, de sentarme en algún lado sin que nadie me joda, y basta de ruidos, y, y me gustaría nadar en una gran, gigantesca pileta de cien metros por cien metros, o mejor de mil metros por mil metros, flotando casi en la superficie, iluminado y transportado por montoncitos, ramilletes de luces acuáticas que me envuelvan y acompañen y cobijen y guíen por mi deriva al garete, aguas termales, aguas tibias y silenciosas, y flotar sin tiempos y ver hacia arriba y arriba el cielo noche con luna llena y negrosgrises terroríficos nubarrones que tapen descubran tapen las nubes más pequeñas la Luna la LUNA, tal vez que caiga un rocío, una garúa en forma de partículas de oro y con la consistencia de la espuma de algún mar sagrado.
-Vamos, por favor. -Y me levanto-. Después venimos, si quieren.
Los chicos me miran.
Las chicas me miran.
En la mesa hay tres pizzas de muzzarella, queso, a medio terminar, cuatro porrones de Isenbeck a medio empezar, no se jugó mucho, "Chupete".
-Terminá tu vaso y nos vamos -me asegura el Guillo.
Miro mi vaso, calculo: tres tragos cortos, dos tragos largos. Tomo aire: un trago.
-Eso es fuerza de voluntad -dice Andy y se levanta-. Hagamos unos fonditos blancos con esta cerveza, mientras esté fría.
Y los tres llenan sus vasos y ahora las botellas de litro parecen desinflarse, me sirvo yo mismo un vaso hasta el borde.
Vaciamos nuestras cervezas, agarramos camperas y buzos.
-En un rato volvemos y arrancamos para algún lado, ¿les parece? -promete el Guillo.
-A lo mejor no estamos, dentro de un rato -se muerde un labio la que parece llevar la voz cantante, una morocha voraz.
-Ojalá que sí, porque te aseguro que la vamos a pasar bárbaro -sin mosquearse, el Guillo.
-Mientras, vayan emborrachándose, ¿sí? -completa Andy.
Y nos vamos, por fin.

El Guillo pone violento cassette de cinta de audio de Jimi Hendrix a todo volumen, delante nuestro el Fiat acelera el Guillo no quiere ser menos lo corre lo alcanza amaga pasarlo, doblamos por Alem, estamos con una botella de vodka que compramos en un 24 horas, sin hielo pero está muy buena, le doy un buen beso se la paso al conductor.
-Si conduce, no beba -me dice el Guillo.
-Si bebe, no conduzca -le contesto.
¿Me parece a mí o suena una sirena? Miro hacia atrás: un zorro con su moto y su asqueroso uniforme color caca lavandinada. El Guillo pone un cambio más, el Turbo reacciona como debe y ya estamos un pedazo adelante del Tipo; doblamos y bajamos por ¿Necochea?, dónde carajo estaremos, barrio Martin, el motoquero de tránsito se la cree y corre como loco, doblamos a todo vapor y las gomas scriii-iiiik-iikkk, el hijo de puta de Andy amaga doblar en contramano, hasta tiene la lucidez de poner el guiño equivocado, pega supremo volantazo más freno de mano, quema 3/4 de neumáticos traseros, lo que se viene, intuyo, me maravillará:
La moto colea, duda, rebota en un minibache, sigue, resbala patina se desliza sin gracia sobre el pavimento lanzada golpea contra el cordón de adoquines de la vereda, el zorro sale despedido como dibujo animado lisérgico del Pato Donald años '50 versión Disney desde el interior de su cápsula hibernatoria swoooshhh vuela vuela VUELA el vigilante la carota desfigurada en la mejor mueca los brazos pegados al cuerpo ni atina a cubrirse, la cabeza encasquetada choca quiebra las vidrieras de un pornoshop que está en la ochava y con feo cartel de neón que reza muy sutil XXX, el cuerpo sigue a la cabeza y CRASHCRACK! super, bonito destrozo que se arma ahí dentro.
El Guillo frena. Andy frena. Retrocedemos. El espectáculo es bello, digno de la Divina Comedia; siempre me gustó, la Comedia, y este cuadro es merecedor de ser imaginado por el Dante 2000. A saber: vidriera desarmada, luces dicroicas que se encienden y se apagan, un inspector/guardia de tránsito descalabrado -un muñeco-, tirado encima de una muñeca inflable, manchado de sangre que además le salta a chorritos de dos o tres heridas, con estalactitas y estalagmitas de vidrio que lo adornan a flechazos, más uno poc dos toc tres cuatro tuc poc consoladores de variado tamaño forma y color que le están cayendo de la estantería junto a la cual yace, en plena transición al gran sueño del que no se vuelve.
Al lado mío, el Guillo dice:
-Excelente -y con su cámara de video registra el espectáculo. -Fantástico. -Bzz-bzz, hace la handy cam-. ¡Corte! Rajemos.

Qué manera de gastar nafta, pienso en un momento, pero al instante siguiente me confirmo que la estamos disfrutando de una manera, que.
Andy se pone al lado del Renault y me pasa el porro, a sesenta, cincuenta, cuarenta por hora, no podemos arriesgarnos a perderlo: es hash. Lo atrapo, lo pruebo, lo apruebo, se lo acerco al Guillo, fuma como debe ser, más tranqui que la maría, apenas menos profundo.
En el Fiat, Andy y Luigi cantan a los gritos algo así como "nada ni nadie nos puede parar".
Smokeo y devuelvo el armado a sus creadores.
El parabrisas es la mejor pantalla del mejor autocine.
Corte a stop del auto junto a parque, está fresco, bajamos, me subo el cierre de la campera de cuero, la lana del interior me hace tan bien.
Corte a primerísimo primer plano de Luigi que sonríe bajo un farol bajo un árbol bajo la megasombra de los 22 pisos de posmoderno cemento metal, bajo uno de los cenits posibles.
Corte a plano medio pecho del Guillo de espaldas que camina y se aleja y dice en una letanía UN HACHA Y EN LA SANGRE un hacha y en la sangre un hacha y en la sangre un.
Corte a plano medio de Andy que abre los brazos en cruz y sonríe y aspira el fluido atmosférico como si fuera esencial (¿acaso no lo es?), y baja los brazos y deja de sonreír y se agacha hasta rozar el suelo de tierra con la yema de los dedos.
Camino por uno de los caminos que parten o llegan desde el centro de este intento de plaza, este apéndice de parque, que está desierto, es increíble, ni parejitas ni personas ni siquiera policías rondando con sus putos patrulleros y sus ganas de reventar a alguien o de molestar a nosotros, pacíficos ciudadanos viajeros de las realidades no ordinarias. Camino por el camino que enfrenta y corta al río; entonces, estoy yendo hacia el este; Andy va hacia el extremo del camino... Del camino norte; ¡no!, del camino sur. Entonces, el Guillo usa el camino norte y Luigi se queda en el oeste, cerca del auto, cerca del contacto tecnológico que nos permite movernos más rápido que cualquier animal terrestre conocido.
Todos nos alejamos del centro de la plaza, que es un círculo de tierra roja, con un mástil sin bandera en el medio.
Camino: despacio, flotando sobre colchones de aire y electrones, despidiendo vapor por mi nariz, hace frío, sintiendo las manos calentarse dentro de la piel de los bolsillos, un ser ha debido morir para que yo pueda vivir mejor, ja, ¿no es ese acaso el motor de la historia?, respiro con soltura las moléculas de oxígeno que se me presentan, grandes chorros de líquidos azules me hacen frente y se disgregan al contacto con la piel helada de mi frente, deseo estar solo y de hecho estoy solo, ninguno de mis fantasmas ha logrado seguirme hasta este punto, punto de tierra y piedras y raíces que, veo, surgen agudas entre mis piernas entre mis pies detrás mío, me detengo, creo, sí, me detengo, ah cierro mis párpados saboreo mi saliva, saboreo la sal de la sangre que mana de mis encías, ah es un sabor: esbelto y aterrador, pródigo en poder y amnesias; despego mis párpados a voluntad, una raja de visión, a mi alrededor: NADA. En mi interior: músculos y nervios que duelen y reptan mis huesos en un obsceno intento por atrapar mi atención, por derrocar el hilo de plata que sostiene mi mente desde el arriba del universo hasta donde nace mi médula espinal, hasta mis sustancias cremosas que burbujean sin orden en designios de la música menos razonada que haya asolado las lágrimas de este triste, malsano, fatídico loquero del que ninguno de nosotros, ni siquiera nos dos, podremos salir jamás.
Ah. Humo que sale de las grietas de la tierra. Mejor volver.
Camino hasta el centro rojo. Está Luigi, me dice:
-Tengo miedo. -Mira a todos lados-. Alguien me seguía. ¿Dónde estabas?
No puedo, no quiero, ni intento, ni tampoco me interesa responderle. Le doy la espalda.
-¡Ah, acá estoy, ahhh! -grita el Guillo y salta hacia nosotros y se hace el despreocupado y-. Ah, es fantástico este frío, ¿no?
Y mira hacia las sombras de los árboles. La lámpara de un farol explota. Menos luz. El cielo: gris plomo, un relámpago.
-¿Qué te pasó? -le pregunto al Guillo con voz neutra. Me mira alarmado. Sonríe, sin sus ojos.
-Nada, nada, todo bien, ¿por qué?
Lo imito: no le respondo.
El Guillo se enciende un cigarrillo, le da fuego a Luigi. Una ráfaga de viento y tierra seca. Comienza el viento, en remolinos de escarcha. Pero no es época de lluvias. Suena un trueno. El golpe rebota en los edificios desiertos. Otro estampido acero y rojo, y una luz: la centella alumbra la sala de ingreso de una de las torres, y me muestra a un viejo de uniforme y revólver que nos mira desde detrás de sus anteojos de -estoy seguro- armazón de cartílagos de foca blanca.
-Vi el futuro. -Andy me sobresalta. Aparece caminando desde el sendero norte. El Guillo va a hacer un chiste, pero se contiene y fuma su tabaco-. Estuve en todos los sitios. Vi el pasado. Vi toda mi vida.
-Mejor nos vamos, gente -los saco de su estupor. Un trueno, un relámpago-. El vigilante de enfrente está aburrido, y su única diversión somos nosotros.
Un dedo eléctrico toca la punta del mástil. Un chasquido amplificado un millón de veces hace pedazos la realidad. El auto arranca, rugen sus mecanismos bajo la rabia y la demencia.
Entonces, k`çkñ
kss ñ
skftSS`ÇSFTSKÑ
S`ÇKOSÇÇÇÑ
FSÑ
SEKÑ
SKKOKOKOÑ
Ñ
KÇÑ
Ñ

SE`ÇÑ
ERA el futuro.

Coda:
Volvimos al bar.
Las mujeres aún estaban allí.
Fuimos los ocho a la casa de Andrés.
Bailamos. Bebimos. Fumamos. Cogimos.
Dormimos.
Despertamos ya de día.
Había sol.

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