viernes, 4 de septiembre de 2009

7. La Puerta



Subjetiva, la cámara, a ver qué pasa. Un bar, este bar, está repleto, crowded. De una las más de las veces patética fauna pseudohumana. Acabo de entrar, solo, y sufro de ese incierto momento que es patrimonio del recién llegado a un lugar de encuentro y que todavía no ve ninguna cara merecedora de atención. Demasiados tipos y minas, onda Facultad de Humanidades y Artes, gente de teatro y tardes de café revolucionario. Increíble, a estas alturas del milenio. Pero bueno, no me molestan, hace rato que dejaron de hacerlo. Mientras se queden en el molde y no encaren con parrafadas propagandísticas.

-Hola, Martín.

Saluda una chica linda, bajita, más bien interesante que linda, algo fuera de forma y con ropajes hippies, pero aggiornados. No sé quién es, o no lo recuerdo, que se me antoja lo mismo.

-Eh, hola -sigo desubicado, ni siquiera colgado. Desprevenido-. ¿Viste a los chicos, a mis amigos? -contraataco.

-¿Quiénes son, tus amigos?

Me quedo mirándola, zombie; ensayo una mueca -planos detalle- que intento sea divertida. Miro detrás suyo. Un brazo, una mano me hace señas: Luigi y el Guillo están en una mal ubicada mesa del fondo del intento de galería de arte que es esta parte del bar.

-Nada, no importa. Nos vemos, flaca.

El "flaca" es bien ambiguo, de compromiso; sigo sin recordar siquiera quién es esta chica que insiste en mirarme, plantada frente a mí y sin aparentes intenciones de salir de mi camino. La petisa se esfuerza en sonreír: reparo en que sí, está bastante rellena (es parte de su onda: las personas inteligentes no necesitan cuidar su apariencia física, o algo así), y siento que el "flaca" puede haberle resultado ofensivo. De todas formas no me importa, la noche ni ha empezado.

-Chau -insisto, y le doy un besito junto a la boca mientras como al descuido le acaricio el pelo rojizo. Lástima, un poquito de gimnasia y estaría para el crimen. Es cuestión de voluntad.

-Chau -y se hace a un lado para dejarme pasar.

-Pedimos whisky -me informa el Guillo-. El Blender's está a cuatro, el J&B siete.

-¿Y cuál van a tomar?

-J&B, claro, es temprano -Luigi enciende un Camel-. Pedite uno.

-No, mejor cerveza.

Llega la moza con los whiskies. Quilmes tres cuartos, indico. Helada, por favor, subrayo mientras noto que el Guillo le mira el culo sin ninguna precaución. La moza parece notarlo, adopta un aire ganador, levanta aún más sus trabajados glúteos y gira con gran estilo en dirección a la barra. Todos la miramos irse, un par de segundos.

-Estamos celebrando -el Guillo alza su vaso-. Por el disco de Andy, bueno, de la banda. Salud.

-Eh... ¿Qué?

-Salud -responde Luigi y le da un buen trago al escocés-. Ah, ahora me siento mejor. Tomá un poco, querido, hasta que venga la birra.

-¿Qué disco? -glub está bueno, frío y fuerte.

-Un tipo de una discográfica lo llamó hoy a Andy y le propuso grabar un compact -está feliz, el Guillo. Eso es bueno, para variar un poco-. A nivel nacional, la difusión. ¡Se nos dio, che!

¿Se nos dio, qué?

-¿Así de fácil? -la idea no me cierra del todo.

-Sí, así de fácil. ¡Nos vamos para arriba!

-Mirálo al chabón, está contento -me da un leve codazo Luigi-. Ya quiere ser el manager y contar los billetes.

-¡Ahí viene Andy, la estrella de rock! -y de veras que el Guillo está exultante, porque se atraganta con el J&B, cosa poco común. Llega Andy.

-Hola, chicuelos -deja el celular y las llaves del auto sobre la mesa, detalle innecesario en este lugar, creo. Bah, boludeces mías. Tres días sin fumar ni un poco me han puesto extra-preciso, ultra-detallista. Sí, boludeces. Mejor me relajo. Llega la moza.

-Una Quilmes, tres cuartos -repite la muy estúpida, apoyando la botella al tiempo que intenta destaparla una, dos veces, lo consigue, da un bufidito. La belleza de la mujer promedio es directamente proporcional a su estupidez. Buena frase, creo que la dijo el mismo Andy, una vez, no sé. Buena frase, en definitiva. Luigi y Guillo le miran el culo, Andy se concentra, ojos trastornados, recién lo noto, en el soberbio escote y las estupendas gomas de la moza.

-¿Algo más, chicos?

-Otro vaso de cerveza, por favor -y Andy busca mirarla a los ojos mientras dice esto. Apenas un instante.

-Otro vaso de cerveza -repite ella. ¿Tendrá el cráneo tan vacío que produce solamente ecos? Estoy intolerante, me doy cuenta. Tampoco me importa; prefiero averiguar de qué se trata esto del disco y del salto a la fama, o como quiera que sea.

-Contame las novedades -la cerveza, gracias a Dios, está muy bien. Me levanta el ánimo, como debe ser.

-Bue, la cosa es así -y asume su posición de orador, un codo en la mesa-: Hoy a la tarde suena el teléfono...

-"Lo atiendo, digo hola" -se burla Luigi y termina su trago.

-Shut up, ass-munch. Prosigo. Atiendo...

-JA-JA-JA -nos reímos como subnormales. Nos sale bien, a los tres.

-Se van a la mierda.

Quiere que le roguemos. Bueno, le insistimos un poquito. Luigi le muestra el vaso de whisky vacío a la moza y le hace un gesto más que evidente de "otro más de lo mismo".

-Bueno, pónganse las pilas -está muy colgueta, le cuesta poner en orden un discurso elemental y estructurado. Mejor el caos-. Resulta que era, es un productor de Vía Láctea Music, ¿la tienen? ¿Sí? Bueno. Hace un tiempo les mandé un cassette con unos demos, los escuchó, le gustaron, y piensa que podemos grabar. Pero.

-Ah -digo.

-Pero antes quiere vernos en vivo, y me pidió algunas fotos o un video de la banda.

-¡Yo te hago el video! -el Guillo se atora por segunda vez con su alcohol, si será opa.

Dudo un minilapso fatal, aturdido por la infame demostración del predispuesto Guillote. Y quedo mal, embarrado.

-Qué bárbaro -una brizna de énfasis que suena a duda en mi afirmación. Tengo que decir algo mejor. Andy me mira, como diciendo, preguntándome: "¿Ese es tu entusiasmo?" Voy a decir algo. Llega la moza, las manos vacías.

-¿Querías otro whisky?

Luigi la mira, desaprobándola. El Guillo tuerce la cabeza para tener un mejor panorama del pantalón muy ajustado. Andy sufre un microcolapso y se estaciona otra vez en semejante par de globos, bien duros, y parece que de verdad, nada artificiales. Pero tan bobita, la pobre.

-Sí, quería otro whisky -silabea Luigi.

-¿El mismo, J&B?

-El mismo. J&B.

Está a punto de dar media vuelta. Anticipándome a futuras tardanzas y demostraciones de falta de seso, me apuro y la freno.

-Y, ya que estás por acá, traenos otra cerveza -hago el gesto universal de STOP-. De la misma -y concluyo con un-: Por favor.

Se va, por fin. Lo apuro a Andy, que por suerte está en cualquiera y además sufre de amnesia con respecto al pasado muy cercano.

-Podemos hacer unas fotos copadas, che. Algo distinto, bien hecho, en blanco y negro.

-Cómo jodés con el blanco y negro, Martino -el Guillo, esta vez, no se traba y mata su bebida. Me cansa su falta de estabilidad emocional.

-Vos hacés tu video a color, yo hago mis fotos de la manera que se me canta. Saber ordenar comidas, neones, vidas: el blanco y negro. En el medio NERVIO: Krakatoas, lúmpenes, Gusanos y amantes... Tenés un montón de grises.

-Bah -hace. Le saca el vaso a Luigi y toma un trago de agua de deshielo.

-¿Y para cuándo, las fotos? -intento sacar a Andy de su frecuencia-esponja.

-Y, para lo antes posible.

-Como siempre -resoplo, y tomo más cerveza, hasta acabarla.

-Che, estás mala onda -apunta Luigi. Y es que él parece estar siempre más allá de los problemas, del bien y del mal, pasa de todo lo que a otros no les deja de pasar.

-Sí, puede ser. Podríamos fumar un caño, tengo ganas. ¿Les parece?

-Sí, bue, pero después -y Andy se pone a mirar las mesas vecinas: más tipos y minas de la onda progre, tomando cerveza y comiendo maníes y aburriéndose lo mejor que pueden. Por lo menos intentan disimularlo, al opio. La chica-petisa-interesante-gordita que me interceptó antes pasa detrás de la ventana que da a un pasillo que da a la calle y me saluda con la mano, es un flash condensado en una partícula, la fotografío y me quedo con una agradable sensación: la autoestima se me pone en su sitio, la respiración se ordena.

-¿Adónde vamos, después?

-A fumar un caño.

-Claro.

-Ya sé, pero después.

-No sé, ¿qué les parece?

-A mí no me parece nada.

-Tengo sed.

-Colgado.

-Acá llega el culo -avisa el Guillo.

-Otro J&B con hielo, otra Quilmes... -empieza.

Me molesta, arruina mi débil equilibrio.

-...tres cuartos... -y falla su primer intento de abrir la botellita.

Me molesta mucho.

-¿Te podemos pagar? -digo, y me vende mi mirada asesina-. Es que nos vamos enseguida.

-Sí, claro, chicos. A ver, cuánto es...

Esto es too much; le quito mi atención y enfoco a Andy.

-¿Entonces, la banda graba su primer disco para todo el país?

-Eso, para todo el país: Argentina Televisora Color.

-Excelente. ¿Así de fácil? -insisto, y noto que mejor que sea la última vez. La moza me debe estar contagiando algún virus sopla-neuronas.

-Parece que sí, che.

-Brindemos, entonces -todos con cerveza menos Luigi-. Por el éxito, así de fácil.

-¿No tienen cambio, chicos?

No, basta.

-No -acabo de soltar.

-Es que el dueño fue a buscar y no encontró nada, y si les doy a ustedes nos quedamos sin...

-Que se joda, el dueño -digo, revirado. Me bajo la birra.

-Sí, que se joda -me apoya el Guillo, pero en buena onda, buscando descomprimir la tensión. Mi tensión.

La potra descerebrada no insiste y nos alarga el vuelto, al tiempo que todos terminamos nuestras bebidas. Quiero rajarme de este bar, es un bajón, no me pone de humor. Nos levantamos, la moza agrupa vasos, botellas, Andy recupera su teléfono y sus llaves y la mira muy a los ojos y: -Qué flor de tetas que tenés -le dice, la palabra "tetas" queda flotando sobre la mesa, separándolos apenas, en letras tipo señales de humo de dibujitos de Speedy González.

Corte a primer plano de la mujer, ¿veinte años?

-Gra... cias -atina a balbucear.

Corte por contracampo al muy probable primer plano de Andy; sin embargo, lo único que se ve son nuestras espaldas que se pierden entre el zoológico de fieritas inofensivas, aburridas ya sin disimulo.

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